El héroe de Greenwich

Hace dos siglos, el matemático Rodríguez, natural de Lalín, ayudó a definir el metro como unidad de medida

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Vigo / La Voz

El metro, como unidad de medida, debe mucho a un hombre nacido en una aldea de Lalín. Tenía un nombre de lo más común: José Rodríguez González. Y, como acontece tantas veces, fue más apreciado fuera que dentro de su propio país. Porque el matemático Rodríguez fue una autoridad científica a caballo entre los siglos XVIII y XIX, impulsor de la cristalografía, protagonista de hallazgos astronómicos y, sobre todo, uno de los padres del sistema métrico decimal. Este gallego genial fue luego maestro de otro prohombre, el primer cartógrafo científico de Galicia: Domingo Fontán.

 Pedro Joseph Rodríguez González nació en Bermés (Lalín) el 25 de octubre de 1770. La suya fue una historia de superación personal, forjando una carrera científica internacional desde un origen muy humilde. Sus padres eran labradores y consiguió estudiar gracias a la protección de un tío eclesiástico. Obtuvo los títulos de bachiller en Filosofía, Teología y Matemáticas, y con 18 años ya ejercía como catedrático suplente en la Universidad de Santiago de Compostela. En 1800 ya era titular de la cátedra y el tribunal quedó asombrado con sus conocimientos, hasta el punto de enviar una carta al rey Carlos IV alabando sus capacidades.

Su carrera internacional comienza en París, en 1803. Con 23 años aprovecha su estancia para ampliar sus conocimientos de astronomía y matemáticas como discípulo de Jean-Baptiste Biot. Junto con este científico, sale en 1806 para la medición de la medida del arco del meridiano de París entre Dunkerke y Barcelona hasta la isla de Formentera. Las guerras napoleónicas dificultan su trabajo, pero los resultados serán fundamentales para el establecimiento de la longitud del metro y la implantación del sistema métrico decimal.

En 1809, el matemático Rodríguez se desplaza a Londres, donde realiza estudios sobre el meridiano de Greenwich. En su investigación, logra corregir a un prestigioso geógrafo de la época, William Mudge, quien pensaba que la Tierra era achatada por el Ecuador y no por los polos. También, gracias sus mediciones del arco del meridiano demuestra empíricamente que la teoría de Newton era cierta.

Su trabajo es presentado ante la célebre Royal Society en 1812, bajo el título: Observations on the measurement of threes degrees of the meridian, conductery in England by Lieutemant Colonel William Mudge.

En 1814 prosigue el matemático Rodríguez su andadura internacional, afincándose en Alemania, donde estudia cristalografía en la Universidad de Gotinga. Aquí se relaciona con el padre de la Cristalografía moderna, René J. Haüy.

La Universidad de Santiago le pide en 1817 que regrese a París para comprar nuevos instrumentos para el gabinete de Física de la institución compostelana. Y regresa a España en 1919 para asumir la dirección del Observatorio astronómico de Madrid y será más tarde uno de los fundadores de la Universidad Central de Madrid, hoy la Universidad Complutense. De hecho, cambiaría su cátedra de Santiago por la madrileña.

La experiencia europea del matemático le permitió contactar con las más adelantadas ideas políticas y filosóficas de su época, en contraste con el retraso de España. Hizo carrera y fue diputado en Cortes por Galicia durante el Trienio Liberal (1820-1823). La represión desatada después por el rey Fernando VII, en la llamada Ominosa Década, hizo que le fuera retirada su cátedra en Madrid.

Empobrecido y enfermo, el matemático Rodríguez viajó a Portugal, donde trabajó con las universidades de Coímbra y Lisboa. Finalmente, el lalinense regresó a Compostela, donde murió en 1824. Su tumba en la iglesia de San Agustín no lleva ninguna inscripción.

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