El sabio refranero español sentencia aquello de que «quien tuvo, retuvo». Y a Lalín le pasa algo parecido. La pujanza de muchos emprendedores, como recordaba ayer el alcalde, Rafael Cuíña, entre los años 80 y 90, sobre todo, obró el milagro lalinense.
Eran años de bonanza, de crecimiento y de dinero. La actualidad pasaba en los primeros años del siglo XXI por noticas de polígonos en crecimiento, una fase detrás de otra fase y nuevos proyectos para construir más en una espiral que parecía no tener fin.
El pueblo crecía, el número de habitantes no era un problema y en la AED las ofertas de trabajo eran legión.
En las fábricas las máquinas no se detenían nunca y los microcortes de luz, a veces de segundos, eran una china en el zapato porque no se podía parar de producir. Llegó la crisis y muchas de aquellas firmas cayeron.
Empezaron los despidos, los concursos y los cientos de trabajadores que llenaban las fábricas pasaron a llenar las calles con manifestaciones. Unas se deshicieron como la nieve al sol y otras, resistieron, y supieron sobrevivir y volver en estos últimos años a recomponerse y a crecer, en muchos casos, rindiéndose a un nuevo verbo: el de internacionalizar.
Pero quien tuvo, retuvo y las naves construidas con mimo, las comunicaciones, la proliferación de polígonos y de parcelas e incluso los centros comerciales o los cines que quedaron abandonados se convierten ahora en oportunidades. Oportunidades para construir un futuro y abrir nuevos negocios cuando la ola de la economía vuelva a dejar sentir un nuevo cambio de ciclo. Aquí los esperamos.