Tengo que decirlo: me encanta el resultado de las elecciones generales. Me apasiona que los políticos de primera línea, los que no saben ni cuánto cuesta un café, ni si el peaje de la AP-53 es caro porque nunca lo pagan, estén condenados a entenderse. Y que tengan que hablar, y negociar, y saber lo que pasan sus administrados cuando tienen que tratar con las administraciones que rigen, y encuentran situaciones inverosímiles cada dos por tres. La última la tengo muy reciente: la viví el martes, al acompañar a un familiar a una cita de valoración de discapacidad. El trato de las funcionarias fue exquisito: no se puede hablar más que maravillas de quien, más allá de la eficiencia en el trabajo, encima aporta cariño hacia quien recaba su atención y con paciencia explica en detalle cada paso de un proceso largo y complejo.
Bien distinta es la opinión de cómo funciona el aparato administrativo, en este caso de la Xunta: porque quien solicita la valoración ha de aportar toda la documentación médica del caso, pese a quien lo está atendiendo tiene ante sí un ordenador que pertenece a la administración autonómica. Así que surge la pregunta: «Perdone, pero todo el historial médico ¿no lo tiene usted en red, como cuando en el hospital sale ya el historial clínico completo del paciente?» Y aquí es cuando el edificio administrativo se derrumba: «Es que nosotros no tenemos acceso al Ianus», porque ese moderno sistema de historial clínico pertenece a Sanidade. Y la dependencia va en otro negociado ?léase consellería?: así que, aunque se también médico, se queda sin acceso. Y uno, en ese momento, no puede por menos que alegrarse del lío del 20D.