El Clamor, una rogativa para pedir agua en Lalín

E. Cuíña, O. P. LALÍN / LA VOZ

LALÍN

La tradición, que data del siglo XIII, se retoma el domingo tras 25 años sin haberse celebrado

21 ago 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Las parroquias de Vilariño (Agolada) y Bermés (Lalín) celebran este domingo, tras 25 años sin hacerlo, el Clamor, una rogativa por la que los vecinos de ambos lugares demandan un cambio la metereología.

El párroco de Vilariño conserva escritos en los que el origen de esta tradición data del siglo XIII, coincidiendo con el desastre de la peste negra. Por otra parte, los más fieles manifiestan que esta práctica se conservó para conseguir normalizar el clima en los momentos en los que las condiciones meteorológicas podrían dañar los cultivos y tierras. Así, la realización del clamor continúa hoy para pedir agua en las épocas de sequía y, en los períodos de muchas lluvias, demandar sol.

Por tanto, en esta ocasión el clamor se realiza pidiendo agua. Por este motivo, los vecinos de la parroquia de Vilariño portarán a la patrona de su iglesia, Santa María, hasta la capilla de Bermés. La peregrinación comenzará a las 8.30 horas y comprende una distancia de 14 kilómetros, durante los cuales se echarán fuegos para avisar de su paso. La procesión pasará por Cadrón, Cancelas, Cangas, Erbo y Palmou, y al camino saldrán las respectivas imágenes de estas parroquias. Durante el encuentro tocará un grupo de músicos que irá acompañando a los devotos.

Los vecinos de Bermés esperan la llegada de la comitiva al mediodía, momento en el que ambas vírgenes se besarán, con posterior oficio de misa solemne. La virgen de Vilariño permanecerá en la iglesia visitada cinco domingos, durante los cuales se celebrará misa a las 18.00 horas.

Los participantes manifiestan que el tiempo comienza a cambiar desde el momento en el que se fija la fecha de la celebración, y de este modo explican las lluvias de la pasada semana. Además, los seguidores afirman que no se recuerda un clamor que fallara, con lo que la creencia en la efectividad de esta práctica se realza con los años. Se trata de un rito que conlleva una fe muy enraizada, y que sus fieles viven más de puertas para dentro que exteriormente.

Paradójicamente, confían en que el tiempo acompañe en la caminata del domingo, en la que esperan la participación de más de dos mil personas. El camino de vuelta dentro de cinco domingos incluye el mismo ritual, con peregrinación portando a la virgen. Lo único que cambiará es el estado de ánimo de los fieles, que pasan de venir emocionados a volver agotados. Y esperan que con lluvia.