«No sé qué me pasó, nunca pensé en hacer nada de esto»

Rocío Perez Ramos
Rocío Ramos LALÍN / LA VOZ

LALÍN

La mujer exculpa a su marido y asegura que él es inocente

01 abr 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

José Mouriño y Carmen Reboredo salieron hace unos días de la cárcel de A Lama, donde estuvieron un año y medio. Ahora están a la espera de juicio, imputados por el asesinato de su hija, Sonia Mouriño, de 22 años, y por el incendio de su casa de Barcia, a lo que se suma la muerte por asfixia en el incendio de Amador Fernández, de 84 años, un antiguo trabajador de la casa. La Voz pudo hablar con ellos.

-¿Como se sienten ahora?

-[José Mouriño] Seguimos muy afectados por todo lo que pasó, pero estamos tratando de recuperarnos.

-Carmen, usted padece distintas patologías. ¿Qué tiene?

-[Carmen Reboredo] Mucha depresión. Ahora tengo cita para el psiquiatra en Lalín. Tengo un montón de tratamientos. Antes de ir para la cárcel ya tenía todo lo que tengo ahora, pero avanzó más. Tengo dos hernias, artrosis, escoliosis, mucho desgaste en la columna. Cuando camino se me frenan los pies, tengo mucho dolor de cabeza, como si me pasara un líquido por la cabeza. Mucho dolor de riñón. En la rodilla tengo que ponerme una prótesis, me duelen mucho las dos rodillas, tengo un menisco roto, y en la rodilla derecha, un quiste.

-¿Cómo se sintieron al recuperar la libertad?

-[J. M.] En libertad nos sentimos un poco aliviados de salir de allí, y ahora tendremos que buscar la manera de ir encauzando las cosas y , sobre todo que Carmen pueda tener la asistencia médica necesaria que tanto necesita. Y a la espera del juicio y de que se aclaren las cosas de una vez. No nos parece normal que con las pruebas que desarrollaron, que fueran tan lentas.

-¿Les preocupa el juicio?

-[J. M.] Esperamos que quede todo claro porque es de lo que se trata, que todas las pruebas que hicieron demuestren que el daño que se hizo ya está hecho, pero yo no tuve nada, y que yo actué de la forma que consideré más oportuna para que la cosa no fuese a mayores.

-¿Cómo respondió su familia?

-[J. M] Tenemos un total apoyo. Siempre tuvimos su apoyo. Nos hicieron muchas gestiones que nosotros no podíamos estando en la cárcel.

-¿Qué pasó ese día?

-[J. M.] Carmen tenía veces que estaba baja, pero no noté nada diferente a los otros días. Carmen tenía mucha presión en la casa con el cuidado de cuatro mayores con muchas dolencias. En el último año, al tener menos movilidad, estaban siempre juntos en la cocina y había muchas veces que se enfrentaban entre ellos. Había que vigilarlos constantemente.

-Al día siguiente de lo que pasó, su marido y su hija, Sonia, tenían una cita en Santiago.

-[C. R.] Tenían dos pisos para hacer un contacto en Santiago, y aquel día creo que tenían que estar un poquito más temprano. No sé como pasó esto. Lo sé explicar y no lo sé explicar. Fue una cosa rara lo que yo hice y mi marido no tiene absolutamente culpa de nada porque él cuando se despertó ya estaba el incendio puesto. Yo estaba metida en la cama, puse el incendio y me fui para cama como si nada pasara. Mi marido no tiene nada, ninguna culpa, es totalmente inocente. Cuando se despertó por la mañana fue a la habitación de la niña porque dijo: hay que llamar a la gente, y fue a llamar a la niña y se encontró con esa sorpresa. Cuando llamó a la gente, incluso yo después puse fuego a nuestra habitación, que no tenía por qué poner fuego, pero mi cabeza estaba, no sé...

-¿Quería acabar con todo?

-[C. R] No lo sé. No lo sé. No sé lo que pasó. Nunca pensé en hacer nada de esto.

-[J. M.] Yo me desperté con los golpes que dio Amador [el hombre de 84 años], que prácticamente todas las noches teníamos que darle calmantes porque tenía unas úlceras muy dolorosas. Cuando tenía dolor daba unos golpes con el bastón, y eso me despertó. Al despertar me olió la casa a humo. Desperté a Carmen, que no sabía si estaba durmiendo o no. Le dije, Carmen hay un incendio, hay que avisar a la gente para salir fuera. Lo primero que hice fue ir a la habitación de la hija y la llamo. No me contesta, la muevo, veo que no se mueve tampoco, y ya me di cuenta con la luz de fuera que tenía un golpe. Yo me puse muy nervioso.

-¿En ese momento se dio cuenta de que estaba muerta?

-[J. M.] Me di cuenta de que esta muerta. Carmen se había levantado. Me decía que no quería vivir, que no aguantaba más el estrés de todo lo que estaba pasando en casa, de enfermos, de una cosa y de otra.

-¿Qué le dijo a Carmen?

-[J. M.] Le pregunté cómo había hecho tal salvajada, y entonces la contestación que me dio fue que no quería vivir. Yo fui después a avisar a Amador, a mi suegra y a mi cuñado para que se vistieran, que había un incendio en la casa y había que salir. Cerré alguna ventana que estaba abierta para que no entrase el humo, y mi suegra me dijo: ??Vete a avisar a alguien para que nos ayude, para ayudarte a apagar el fuego??. Estuve intentando llamar al 112. Bajé al sótano donde había el fuego. Vi que era grande. Ya no había agua, el fuego había cortado las vías de agua. Ya no había luz.

«Carmen me decía que no aguantaba más el estrés de la casa, de los enfermos»

«Tendremos que ir encontrando la manera de ir encauzando las cosas»