CON ACENTO
15 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.PARECE QUE nadie se da cuenta de lo que sucede, automovilísticamente hablando, cuando el fin de semana empieza a vislumbrarse, por las calles del centro de Lalín. Y lo que sucede, por si las autoridades lo desconocen, es lo que saben los vecinos de calles como González Taboada, Plaza de la Marina o calle B: el límite de velocidad de 50 kilómetros por hora se convierte en un chiste, y los coches se lanzan haciendo rugir los tubos de escape y chirriar las ruedas. Encima, es verano, y las aceras van llenas de gente paseando que se convierten en espectadores de riesgo para un espectáculo que ni está programado ni, que se sepa, cuenta con autorización. Sería bueno que, al menos de vez en cuando, en la zona además de pilotos estuviese también alguna autoridad: antes de tener que lamentar sucesos, que nunca dan una segunda oportunidad.