Al FILO | O |
11 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.AYER A TODOS se nos atragantó el desayuno y se nos encogió el corazón. Las tiendas tenían la radio a todo volumen y en los bares de la comarca los vecinos se apiñaban comentando las noticias. La mayoría tirábamos de móvil para rastrear el estado en el que se encontraban familiares y conocidos. En la concentración de ayer en Lalín me encontré con una amiga cuya familia política reside en la capital del Estado. Su marido llevaba toda la mañana mirando al teléfono aguardando con inquietud cualquier sonido, pero sin atreverse a marcar ningún número de Madrid, porque le podía más el miedo de darse de bruces con alguna mala noticia. Me recordaba ayer algún vecino que la muerte de una sola persona es ya una tragedia, pero todo lo que pase de dos es ya un disparate mayúsculo. Ayer todos amanecimos con el corazón roto y un poso de angustia alojado en la boca del estómago. Hoy sigue en nosotros un dolor intenso por los centenares de familias rotas y por que lo peor de todo es que cualquier día nos puede tocar a nosotros en el reparto el papel de víctima. Un lamento que se plasmará en las calles con manfestaciones ciudadanas. Todo por levantarse una mañana para ir a trabajar. Una injusticia.