EL CRISOL | O |
27 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.TODAVÍA RECUERDO los bombazos de nieve con que nos zurrábamos los compañeros de clase al salir al recreo. Algunos dolían con ganas, sobre todo si el pelotazo alcanzaba alguna parte sensible. Era habitual que cada invierno nos acompañasen los copos blancos, soñasemos con hacer muñecos inmensos o con deslizarnos en un plástico por algún prado o calle empinada. Ahora la nieve se vuelve más remolona, parece que le cuesta llamar a nuestra puerta y hacernos disfrutar. Pero en esta recta final de febrero se ha dejado querer, para disfrute de grandes y, sobre todo, pequeños. Eran muchos los niños que por las calles de Lalín abrían los ojos como platos para ver el pequeño manto blanco que iba y venía, en una jornada muy inestable del tiempo. Pero ya se sabe que todo tiene su lado positivo, en este caso de ensoñación y buen humor -que parece traer consigo la nieve- y el negativo. Hubo algún que otro problemilla en las carreteras y muchos niños se quedaron en sus casas. ¿Seguro que esto es un problema? Para ellos más bien no, aunque algunos padres tendrían que hacer número para ver quién les cuidaba mientras iban a trabajar. Hoy en día no resulta tan fácil encontrar niñera por sorpresa, por mucho que se nos advirtiese desde los medios de comunicación que ayer nevaba a cuatrocientos metros. Año de nieves, año de bienes. Así reza el refrán. Seguro que algún que otro político lo habrá recordado en estos días de vorágine electoral para el 14-M. Los copos blancos llegaron con el arranque de una campaña que en la zona no parece haber despertado, al menos inicialmente, demasiadas inquietudes. Pero puede haber sobresaltos en cualquier mitin.