PRIMERA NACIONAL Los rojinegros doblegaron a un flojo Soria en uno de los peores partidos de los últimos años en el Municipal El Portadeza Lalín salvó los dos puntos «in extremis» ante el flojo Aranga Soria. El resultado fue lo mejor de un duelo cargado de despropósitos y en el que brilló de manera especial el poco público asistente, que no cesó de apoyar a los rojinegros. Unos jugadores locales que completaron uno de los peores encuentros de los últimos tiempos en el Municipal. Únicamente en momentos muy puntuales, y cuando peor estaban las cosas, apareció un atisbo del equipo que maravilló en casa en la temporada pasada.
27 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Portadeza Lalín, 25: Pablo, Jorge (1), Pincho (6, 1p), Budi, Camilo (2), Roberto (3), Diego (8), Martín (1), Carlos Aller (2), Toño (2) y Durán. Aranga Soria, 22: Hernández, Mañux, Barba (1), González, Gago (3, 1p), Ollero (5, 4p), Heras (2), Cortés (1), Arribas (2), Ascarbe (6), Álvaro (1) y Arrebe (1). Tanteador: 1-1; 5-1; 6-4; 8-5; 10-5; 12-10 (descanso) 12-13; 17-16; 19-16; 21-20; 22-22; 25-22 (final). Árbitros: Iglesias y Zapatero. Asturias. Excluyeron a Jorge (2), Pincho, Martín, Budi y Roberto por el Lalín y a Barba y Pablo del lado visitante. El sopor presidió el duelo. El encuentro arrancó con todos los alicientes de un amistoso. Poca agresividad, ritmo cansino y reparto de despropósitos. Ante este panorama no es de extrañar que la imagen generalizada del público asistente fuese la de la mano tapándose la boca para ocultar el bostezo. En la pista la clara superioridad rojinegra sólo se hizo efectiva en momentos puntuales haciendo que el marcador se moviese en tirones. El 6-1, que lucía el electrónico a los once minutos y que hacía pensar en un paseo, se convirtió, con varias imprecisiones consecutivas, en un inquietante 6-5 para jolgorio de uno banquillo visitante que se marchaba encantados con los dos tantos abajo del descanso (12-10). Una alegría foránea que aumentó de forma alarmante en los segundos iniciales de la continuación (12-13). En estas circunstancias adversas y con cuatro jugadores en pista por las exclusiones de Pincho y Martín, resurgió la casta habitual en tantos partidos. El equipo se mantuvo firme y, con todos los efectivos en cancha, recuperó el mando en un suspiro (15-13). Fue un oasis en el desierto. A partir de aquí volvieron las imprecisiones y los desaciertos y el resultado, tras varios empates (21-21 y 22-22), no quedó asegurado hasta los dos últimos minutos. Por suerte todo quedó en un mero susto.