Un vecino del núcleo rural de Vilariñofrío relata como el alcalde de Cea le indujo a firmar con la huella digital la petición para ejercer el sufragio por vía postal
21 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?legar al pueblo de Vilariñofrío exige recorrer una serie de carreteras y caminos vecinales, hasta el mismo límite del concello de San Cristobo de Cea con los vecinos de Piñor y Dozón. Allí reside, de modo apacible, Francisco Daponte, un anciano que comparte la casa familiar con su esposa, Carmen Gil y su cuñada Adelaida. A ambas las excusa aduciendo que duermen la siesta, pero él se muestra abierto al diálogo. Francisco supera los ochenta años, como él mismo reconoce, y explica que ninguno de los tres habitantes de la casa habían pensado en ejercer su derecho al voto el 25 de mayo: «Tiñamos que ir ata Oseira, a máis de oito kilómetros e non andamos coa saúde moi alá». Todo le resultó más fácil a la familia Daponte Gil, cuyos miembros recibieron el pasado domingo a unos inesperados visitantes: «Veu o alcalde con ese amigo del que está no Concello e díxonos que nos era mellor votar por correo, fixen todo o que eles me dixeron», señala Francisco, quien también matiza como «Adelaida e máis eu puxemos o dedo, a miña muller, como sabe firmar, botoulle unha rúbrica». El testimonio del cabeza de la familia Daponte estremece cuando poco después afirma: «Nós levámonos ben con todos e cando chegaron outros deses da política, lle dixemos que o noso voto xa o levaran». Y alguien se fue con él, desde luego, aunque Francisco todavía no tiene muy claro por qué ayer su repartidora habitual de correos le solicitó una nueva firma.