Ellos son los amos de su aldea

Rocío García Martínez
rocío garcía A ESTRADA / LA VOZ

A ESTRADA

miguel souto

La familia Servide Pazos es la única que vive en el lugar de O Río (Riobó)

27 mar 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

En la aldea de O Río, en la parroquia estradense de Riobó, la familia Servide Pazos es dueña y señora de todo el lugar. No es que todas las fincas sean suyas. Ni tampoco las casas. Lo que sucede es que ellos son los únicos habitantes del lugar, así que viven con la ventaja de la paz absoluta y el inconveniente de no tener con quien socializar puerta a puerta.

El suyo no es un caso aislado. En Galicia existen muchas aldeas históricamente unifamiliares y muchas otras en las que antaño se vivió en vecindad pero que se han ido despoblando hasta quedarse con un solo hogar habitado o completamente abandonadas. Cada año que pasa, la despoblación avanza en los concellos del interior. Según los últimos datos publicados por el Instituto Galego de Estatística (IGE), en las comarcas de Deza y Tabeirós-Terra de Montes existen casi cincuenta aldeas vacías, diez de ellas en A Estrada. Además, hay 33 núcleos rurales con tan solo una vivienda habitada, que muchas veces ocupa un anciano que vive solo.

En O Río (Riobó) los Servide Pazos son los únicos habitantes de la aldea. Son, además, casi recién llegados. Manuel Ángel Servide Somoza y Rocío Pazos Montaña son originarios de Berres (A Estrada). Él trabaja en un establecimiento comercial de Santiago y ella en la Escola Infantil Municipal (EIM) de A Estrada. Tienen dos hijos de tres años y año y medio, respectivamente. La familia vivía en un piso en el casco urbano de A Estrada. Sin embargo, Manuel Ángel siempre se había sentido un poco prisionero en el piso. «A min sempre me tirou o rural», confiesa. Por esta razón, la familia decidió arreglar una casa familiar en O Río que llevaba tiempo vacía. En ello estaban cuando llegó la pandemia. «A pandemia non foi o motivo porque xa tiñamos pensado cambiarnos para a aldea, pero aí valoramos aínda máis o cambio. Pasamos o confinamento no piso e no verán, en canto se puido saír, cambiamos para a aldea. Este verán fará dous anos deso», explica Manuel Ángel. «Nós xa pensaramos en cambiarnos, sobre todo polos rapaces. Poder xogar fóra, ao aire libre, é moito mellor. A min sempre me gustou máis iso que estar pechado nun piso. No confinamento vimos que o cambio é abismal. No piso só podías saír á ventá. O rural é outro respiro», opina.

Vecinos de fin de semana

En su aldea hay un par de casas desmoronadas y cinco habitables. Sin embargo, la única habitada a diario es la suya. «A algunha veñen algunha fin de semana, pero vivindo aquí a diario somos os únicos», dice Manuel Ángel. La casa habitada más próxima la tienen a medio kilómetro. No es mucho, pero no es lo mismo que vivir «porta con porta».

La familia está feliz en la aldea, pero echa de menos la vida social que antaño había en el rural. «Con algún veciño cerca sempre te podes parar a falar e se houbera máis nenos poderían xogar todos xuntos. Os nosos agora poden ir pola tarde á casa dalgún amigo ou a algunha actividade ou á casa dos avós, pero xa tes que coller o coche e levalos a onde sexa. Non é coma antes que os rapaces colliamos as bicicletas e recorriamos a parroquia toda», recuerda.

Cada uno a lo suyo

«Nós xa non temos veciños, pero no rural agora, cada un anda ao seu. É case coma quen vive nun piso. Non hai aquel trato de antes que todos colaboraban nas tarefas do campo. Agora tamén moita xente xa non traballa as terras nin ten vacas», constata Manuel Ángel Servide.

Álex Ferradáns: «Antes compartías máis cos veciños; agora vivir no rural é coma no pobo»

En la parroquia estradense de Agar también hay varias aldeas unifamiliares. Una es la de Paraxó, donde vive José Edreira. En Paraxó había en origen dos viviendas, pero José compró la otra cuando tuvo la oportunidad y ahora es el rey de su aldea. «No rural en xeral falta moitísima xente. Moitas casas están pechadas», constata este vecino. «Eu son o único da aldea, pero teño aquí O Río e Laguna a 300 metros», comenta. En esos dos núcleos también hay vida. La única vivienda de O Río la alquiló un matrimonio recientemente, con lo que el lugar ha recuperado el pulso. En Laguna también hay una casa habitada.

Otra aldea unifamiliar de Agar es la de A Pedreira. En ella vive Álex Ferradáns, que tiene 31 años y es devoto de la aldea. Es originario de Orosa (Orazo) y hace dos años alquiló la casa en Agar, donde vive con su familia. Después de una temporada viviendo en un piso, Álex tuvo claro que quería regresar al rural. «Estiven unha temporada encerrado nun piso. Levábao bastante ben porque só ía para durmir. Traballaba fóra e as fins de semana escapaba para a aldea», cuenta. En A Pedreira hay otra casa, pero está deshabitada. De todas formas, Álex no tiene en absoluto sensación de aislamiento. «A aldea de Gouxas está ao lado. Ademais, antes falábase e compartíase máis cos veciños, pero agora levántaste cedo para ir traballar e case non fas vida na aldea. Vives na aldea pero o trato cos veciños é case coma no pobo», cuenta.