La cara menos conocida de Gracia

La directora de la Oficina de Emprego protagonizó en 1991 el corto Hardo, que mañana se exhibirá dentro del ciclo Panic


a estrada / la voz

Gracia Maestre es viguesa de origen y estradense de adopción. En octubre del 2016 llegó a A Estrada como directora de la Oficina de Emprego local. Se quedó a vivir y desde entonces participa activamente en la vida sociocultural del municipio. «Me siento estradense circunstancialmente», dice.

Sin embargo, hay una faceta de Gracia que casi nadie conoce: la de actriz. Ella no deja de quitarle importancia, como una simple anécdota al lado de sus 42 años de trabajo. Con 18 años empezó a curtirse en una empresa de aparellaje eléctrico y con 20 se buscó la vida en Venezuela, donde trabajó casi tres años como secretaria ejecutiva en un consorcio de empresas. «De Venezuela solo siento cariño y agradecimiento. En España he estado luchando para empresas importantes por un salario mínimo y en Venezuela tuve todo el reconocimiento laboral que no he tenido ni antes ni después», explica.

De vuelta en España aún trabajó unos años más en la empresa privada antes de dar el salto a la administración, en la que suma ahora 35 años, casi todos vinculada a los servicios públicos de empleo.

Como actriz, por mas que se quite méritos, ha trabajado en una serie de Vicente Aranda para Televisión Española y hasta figura en los créditos de la película Los lunes al sol, aunque la escena en la que salía fue sacrificada en el proceso de montaje.

Hardo (1991), el corto que mañana se pasará en A Estrada dentro del festival de cine de terror Panic (Minicines Central, 23.30 horas) es un trabajo transgresor y futurista dirigido por Manuel Abad, con vestuario diseñado por Miguelanxo Prado y música de Siniestro Total.

El trabajo fue seleccionado para la Expo 92 y participó en una muestra retrospectiva en el CGAI. La sinopsis: en una Galicia futurista dominada por la contaminación, un pequeño incidente desata funestas consecuencias.

-¿Cómo ha sido su experiencia en el cine?

-Como toda experiencia, muy enriquecedora, aunque apenas me haya dado tiempo a conocer el sonido de la claqueta. Ser consciente de que mi trabajo representaría algo anecdótico, aunque fue un momento sumamente especial.

-¿Qué supuso Hardo, en el que tiene un papel central?

-Vivir el cine, dentro del cine, y la decisión de un compromiso con un proyecto arriesgado en el que a pesar de su puesta en escena impactante, alternaba la visión poética a través de la conmoción del personaje.

-Háblenos de sus otras experiencias cinematográficas.

-Meses después le comenté a Manuel Abad que Vicente Aranda contaba conmigo para un papel dentro de una serie de Televisión Española y él me dijo: «La vida no está hecha para los cobardes». Esta vez era una presidiaria en el levantamiento de Asturias de 1934. La cosa tampoco pasó de un par de secuencias. Lo más curioso fue el cambio de registro de una película futurista a una de principios del siglo pasado. Creo que ambas tenían algún parecido. Seguramente la condición de mujer, de la que no puedo separarme. Casi todo el trabajo de actor pasa por el teatro antes o después y yo también he participado en varios grupos, tanto en Galicia como en Venezuela, aunque siempre ha sido de forma amateur.

-Actriz y directora de una oficina de empleo es una combinación curiosa...

-En paralelo a esta vida anecdótica en el cine y en el teatro, trabajo desde hace ya 42 años. En la empresa privada los primeros y como funcionaria desde hace 35. Y este no ha sido un territorio para soñar, más bien todo lo contrario. La realidad se impone cuando has de tratar con personas. En mi trayectoria atendiendo al público han sido siempre experiencias gratificantes. Otra cosa son las burocracias y la impotencia que se siente cuando no puedes solucionar lo que te gustaría, bien porque no se te ofrecen los medios o porque cada vez más la administración se concibe para el trámite más que para dar soluciones.

-¿Cómo se siente en A Estrada?

-A Estrada ha sido para mí un lugar de acogida y el factor humano lo señalo como determinante. Estaré de paso, pero sintiendo mi implicación en el lugar. Un lugar amable.

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