El armero que pidió perdón a la fauna

A punto de jubilarse, el empresario se despide con un escaparate singular donde reparte estopa y agradecimientos


A ESTRADA / LA VOZ

Senén Campos Maceiras no es un tipo de morderse la lengua. Ni de comulgar con ruedas de molino. Ya no lo era hace unos cuantos años, cuando dejó plantada en una cena a la cúpula de la Cámara de Comercio de Vilagarcía. «Eu era vicepresidente segundo da Cámara, pero a nós so nos tiñan en conta para pagar as cotas. Nin esmola nos daban. Dinme conta de que estaba fora de ambiente e arranquei», recuerda sin sombra alguna de arrepentimiento.

Senén fue también socio fundacional y tesorero de la Asociación de Comerciantes de A Estrada, que luchó por unir al sector cuando era una utopía. Y secretario de Unidade Veciñal Estradense, el colectivo que forzó la rebaja del IBI con un encierro en el Concello en las Navidades del 2003 que supuso uno de los hitos del movimiento vecinal local.

Si entonces no tenía pelos en la lengua, menos los tiene ahora que ronda que ronda los 65 y que casi abraza el sueño de la jubilación.

Por eso Senén, con la perspectiva de los años y la seguridad de una conciencia en paz, ha querido despedirse profesionalmente con una carta abierta que ha colocado, en tamaño XL, empapelando los escaparates de su comercio, la mítica armería Carrusel Deportivo. El curioso escrito de despedida no pasa desapercibido. El texto es largo, pero el contenido no defrauda. Senén hace repaso de la historia del local y reparte estopa y agradecimientos a partes iguales.

Senén Campos abrió el negocio en sociedad con su hermano Manuel en marzo de 1983. Entonces el establecimiento era armería y tienda de ropa deportiva a un tiempo. Con el paso de los años, ambas actividades se separaron: Manuel asumió la venta de ropa deportiva en un local situado justo enfrente -Deportes Carrusel, que cerró con la jubilación de su gerente- y Senén se quedó al frente de la armería Carrusel Deportivo, centrada ya solamente en la venta de armas y artículos de caza y pesca.

Más de 36 años al frente de la armería dan para mucho. Senén podría contar la historia de cuando se tuvo que plantar ante el capitán de la Guardia Civil para frenar el excesivo celo local en el control del negocio. «Construiramos unha cámara acorazada cun muro de formigón, pranchas de metal antiperforación e pranchas de amianto. Dentro ía a caixa forte, como nos esixiran. Pero despois obrigábannos a ter os guardamanos no cuartel. Tiñamos un búnker, pero cada vez que queriamos ensinar unha escopeta, tiñamos que pechar e ir ao cuartel», explica.

Senén dedica unos versos a los amigos de lo ajeno, a los que dejaron deudas y a la banca. Pero también tiene capítulo de agradecimientos. Para los buenos clientes, los carteros, la familia o los estradenses en general «por ser conmigo y mis circunstancias tan comprensivos».

Un ecologista «egoísta»

El estradense prevé jubilarse en octubre, al cumplir los 65. Antes tendrá que liquidar toda la mercancía. Ofrece venta por lotes a precios interesantes y traspaso o alquiler del local para poder disfrutar de la jubilación cuanto antes. Cuando llegue a ella, Senén no se irá de pesca. El armero no es de lanzar el sedal ni de apretar el gatillo. «Metinme nesto porque era o negocio que vía que faltaba daquela e hai que manter unha familia. Fun egoísta, pero eu son máis ben ecoloxista», comenta. Así se explica el final de su carta: «Pido perdón a toda la fauna de monte y de mar y de río por comercializar un material para toda ella tan dañino, tan mortal y tan destructivo».

«Coa Intervención de Armas tiven tribulacións no pasado, pero non co equipo actual»

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