La Xunta recibió 86 avisos por daños de jabalí en las comarcas

Unións Agrarias trabaja en una evaluación de daños y está recopilando fotos


Lalín / la voz

La Xunta recibió en lo que va de año un total de 86 avisos por daños de jabalí en la zona. Una cifra nada desdeñable pero muy inferior a los destrozos reales ocasionados. El secretario de Unións Agrarias, Román Santalla, explica que en muchísimos casos los ganaderos y agricultores acaban por no denunciar. Muchas veces por hartazgo tras la reiteración de la entrada de los animales en sus tierras y también, en otras ocasiones, porque creen que la denuncia no arregla nada y las ayudas para paliar los daños, en el caso de que lleguen, suponen una larga espera previa. También pesa que para mucha gente mayor la realización de estos trámites no resulta sencilla.

Román Santalla explica que desde el sindicato están llevando a cabo una recopilación de fotografías en las que se evidencian los destrozos y el gran número de jabalíes que tienen colonizado el territorio. Explica que «a xente mándanos fotos, e é todo un espectáculo, os xabaríns chegan preto das casas e xa non só están no rural senón que tamén están ocupando espazos moi preto das zonas urbanas».

Indica que «os cazadores son o único depredador que ten, xa que o lobo deixou de selo para os xabaríns». Alega que «o xabarín é un animal listo e con toda a maleza que hai ten o seu escape asegurado, tanto para eles como para as súas crías».

Resalta que «o lobo pode ser un depredador do xabarín nos campos de Castela, que son extensións abertas onde o pode ter como inimigo, pero en Galicia non». Aquí, apunta, «o ten todo, toda a alimentación que quere e precisa e todas as condicións para crecer en poboación». Apunta como responsables del aumento de la población de los jabalíes a las consellerías de Medio Ambiente y Medio Rural. Se queja de que «hai unha sobreprotección, se impediu á xente a autodefensa contra eles e chegaron a impedir incluso dende a Administración ata pechar as parcelas para impedir o acceso dos animais aos cultivos».

El resultado fue, afirma Santalla, «que temos unha auténtica praga». Unións Agrarias trabaja también en una evaluación real de los daños causados por las manadas. Los datos de avisos por daños recogidos por la Xunta ponen a Lalín a la cabeza del ránking de las comarcas con 27 avisos recibidos. Le sigue Agolada con 19 y A Estrada con trece. A estos se suman cinco en Cerdedo, seis en Cotobade, cuatro en Forcarei, siete en Rodeiro, tan solo tres en Silleda y dos en Vila de Cruces. De Dozón, la Xunta no recibió aún ningún aviso en lo que va de año, lo que no quiere decir que no los haya.

Para Santalla, el hartazgo de los ganaderos ante los constantes daños trae consigo un problema añadido y es que los cultivos se reduzcan, después de que más de uno haya optado por dejar de sembrar quejándose de que «só traballa para o xabarín». Eso hace que se encarezca el producto y redunde también en mayores costes de producción en las ganaderías provocando una serie de problemas en cadena.

Aumento del número de nacimientos en las camadas y una sobrealimentación

Román Santalla considera que en Galicia el jabalí está beneficiándose de una sobrealimentación que le proporcionan los cultivos y la suma a su dieta de castañas y otras serie de frutos de los que se abastece libremente. Recuerda que «en Galicia cultívanse 40.000 hectáreas de millo, das que 3.500 sémbranse en Deza e Tabeirós-Terra de Montes». Apunta que «as camadas antes eran de tres ou catro e agora son de cinco, seis ou sete xabatos e cada xabarín o vemos a diario con dúas ou tres camadas con eles». Cree que esa alimentación y una sobreprotección de estos animales por parte de la Administración propicia un crecimiento enorme de la población. Señala que «salvagardaron o xabarín para proporcionarlle alimento ao lobo, pero non foi así».

«Temos Fiestras invadido, dében ternos cariño que non saen de aquí»

En Fiestras (Silleda), Luis Amil señala que los jabalíes tienen invadida la zona. Recalca que «baixan do monte e quedan aquí, deben ternos cariño porque non saen desta zona». Señala que a diario ven jabalíes grandes, pequeños y manadas enteras. Se queja de que «xa non lle teñen medo a nada e achegánse ás casas». Explica que «nos temos un can malísimo e cando os ve, non fai nada, debe terles medo». Una invasión en crecimiento que arrasa con todo a su paso y que, indica Amil, «acaba co millo, cos prados, con todo». Lo que más le duele es, sobre todo, los destrozos en el maíz que «este amo está moi espigado e é moi bo» y lo están destrozando. Tiene claro que «o ano que ven o que haberá que facer é non plantar é xa está» para no arriesgarse a que los jabalíes den al traste con el trabajo de meses. Se queja de que pese a la cantidad de animales que ven todos los días «a Xunta di que non os hai» y comenta que «o outro día saiu un dunha cuneta á estrada, pero menos mal que ao final tivo sentido e voltou para á cuneta, senón se me mete enriba».

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