El vecino que dejó A Estrada y se censó en Cerdedo-Cotobade

m. h. / o. p. PONTEVEDRA, A ESTRADA / LA VOZ

A ESTRADA

Daniel Fernández es una de las 191 bajas del padrón estradense y de las 36 altas del nuevo municipio

07 ene 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

El INE llegó con sus cifras de población y certificó a 1 de enero del 2017 una preocupante caída de 191 habitantes en A Estrada (20.700 vecinos) y un ascenso de 36 personas en la suma de los que registraban en el ejercicio anterior por separado Cerdedo y Cotobade tras unirse como un único municipio. Daniel Fernández es una de las 191 bajas estradenses y de las 36 altas en su nuevo ayuntamiento de residencia: él y su pareja, Sheila Míguez, son dos de las personas que obraron el milagro poblacional de Cerdedo-Cotobade en 2017.

Porque milagroso es que un municipio rural gallego logre ganar población, aunque sea solo un puñado de vecinos más. Aunque Fernández ofrece claves para explicarlo: «Desde la parte baja de Cotobade, parroquias como Tenorio o Almofrei, en quince minutos estás aparcado en la plaza de Barcelos», y sin la presión urbanística de la capital. Por eso cree que a poco que se desarrolle urbanísticamente la zona crecerá como lo hicieron en las últimas décadas localidades próximas a grandes ciudades, y cita como ejemplo Bertamiráns: «Hace 30 años era impensable pensar que iba a ser la capital de uno de los quince primeros municipios [Ames] de Galicia en población».

Si Daniel estaba censado en A Estrada, Sheila ?con raíces familiares en Sabucedo? lo estaba en Pontevedra. Ellos vivieron primero en la capital, en un piso de García Camba. Querían tener un perro, querían respirar aire puro, querían cambiar sus pocos metros cuadrados por la amplitud de una casa... y un día decidieron que su sitio estaba en el rural. O en el monte, como dice Daniel. Así que se pusieron a buscar una casa en Almofrei, en Cotobade. La encontraron y la alquilaron. Luego se cambiaron a otra, en la que siguen. Y entre una y otra se fueron dando cuenta de una cosa, tal y como cuenta Daniel: «Las viviendas salen más a precio que en una ciudad, pagas menos de impuestos... es cierto que coges el coche para desplazarte a la ciudad, ya que por ejemplo Sheila sigue trabajando en Pontevedra, pero compensa. Nos vinimos al rural, ahorramos dinero y ganamos calidad de vida», remacha.

Lo de la calidad de vida lo señala en tres o cuatro ocasiones Daniel, y cuando lo dice no habla solo de él y de su pareja, sino que mira de reojo a Rolo, el can que se ha convertido en compañero de hogar. Daniel y Sheila indican que, aunque trabajan fuera, hacen vida en el municipio al que llegaron por elección propia porque les fascinaba su verde y su tranquilidad. Van a sus restaurantes y pisan sus parroquias. ¿Con qué se quedan? «El trato con la gente. Su buen rollo es alucinante», afirman.