El proyecto AESS 2020 propone cambiar los refugios rurales del bus y potenciarlos como punto de encuentro
09 oct 2016 . Actualizado a las 17:31 h.Las marquesinas de A Estrada son la viva imagen del feísmo. Tres chapas metálicas como paredes, una cuarta de tejadillo y una tabla para sentarse. Son exactamente lo contrario de lo que pregonan las directrices de calidad paisajística. Encajan, eso sí, con la Galicia de cobertizos multiusos, de uralitas y de reciclajes imposibles que tanto cuesta erradicar.
Pero en un país de lluvias y de población rural dispersa, una marquesina, por fea que sea, puede ser un tesoro. Si no que se lo pregunten a los vecinos de Portela (Codeseda), que han amueblado la suya con una mesa y un par de sillas para echar la partida o la charla indistintamente. O a los de Castrovite (Orazo), que a fuerza de usar la suya como punto de reunión han convencido al Concello para darle un lavado de cara. Pintada de verde y con pavimento nuevo desentona menos que antes.
En invierno el uso de las marquesinas se reduce a su función más básica: esperar el autobús. En cambio, cuando el tiempo mejora, algunas tienen más actividad que el teleclub. ¿El secreto? Están cerca y proporcionan un lugar de asiento para quienes tienen más tiempo que ganas de estar de pie.
Enlazando con esta curiosa práctica rural es como ha surgido la iniciativa que más revuelo ha levantado del proyecto AESS 2020: las marquesinas «amigables». La filosofía era potenciarlas como punto de encuentro para los mayores del rural y dotarlas de servicios orientados a este sector. Hasta ahí nada que objetar. Fue en la tormenta de ideas para desarrollar la propuesta donde empezó a perderse el norte. Ahí se habló desde de dotar de wifi a las paradas del autobús hasta de instalar pantallas para esquelas y otras informaciones de interés.
Finalmente, el proyecto esbozado solo indica que se acondicionarán las marquesinas para potenciarlas como punto de encuentro. Sin más.
No está claro cómo se conseguirá, pero si conlleva cambiar las estructuras actuales por otras más acordes con el paisaje podría darse por buena. La marquesina metálica básica cuesta unos 1.000 euros. Una en modelo rústico no baja de los 3.000. En A Estrada, con 51 parroquias y una media de cinco por cada una, la renovación de las marquesinas que atentan contra el paisaje supondría más de 765.000 euros. Sin wifi ni nada.