Xián García participó en Navaleno (Soria) en un campamento donde se vive las 24 horas para la música
24 jul 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Xián García acaba de volver de un pequeño pueblo de la provincia de Soria: Navaleno. Hace un año no sabía situarlo en el mapa. Porque hasta entonces, cada verano tenía cita con el campamento en el mar que organiza el Concello estradense. Pero el tiempo pasa, y Xián sabía que era su última estancia porque en estas vacaciones, con 17 años, era ya un veterano pasado de edad. Así que, en el inicio del pasado curso, empezó a buscar por Internet una opción diferente con una premisa: un campamento donde el rock fuese el eje alrededor del que girasen todas las actividades.
Y en esas se encontró con Rock Camp y Navaleno: vio algún reportaje de televisión, las actividades que ofrecían, las clases de lenguaje musical que impartían y pensó que era una buena oportunidad para mejorar su formación musical, y ampliar conocimientos con los que sacar mejor partido a la Fender Stratocaster que se compró hace tres años. Un paso más en una afición por la guitarra que comenzó a los diez años: “Fui a clases particulares, durante cuarto, quinto y sexto de Primaria. Me parecía chulo tocar la guitarra, aprender canciones”. En el colegio estudió solfeo, pero para tocar la guitarra emplea la llamada tablatura, que señala las notas marcando qué cuerda y qué traste tocar: “En un solo, o en un riff, me parece más cómoda la tablatura que la partitura”. Cree que para su afición entre los acordes y la tablatura puede salir adelante.
Porque Xián tiene mucho de autodidacta, y poco de académico: dejó la guitarra un par de años, hasta que se compró la Stratocaster. Y ahí empezaron horas de practicar en casa, él solo, «aprendiendo canciones que me gustaban», como el Sweet child o´mine de Guns N´Roses. «Pero enteras no, únicamente los solos o las partes que más me gustaban. Fui mejorando, tocando por épocas: podía coger una canción y estaba un mes hasta tocarla bien, y luego lo dejaba», sacando la composición de oído, o si se resistía, con la tablatura.
Por esa razón, cuando acabó primero de Bachillerato con buenas notas y sus padres le confirmaron que sería uno de los dos gallegos que este año participaron en Rock Camp, sintió ciertos reparos: «Al ir al campamento iba con un poco de miedo. A mí me parece que toco la guitarra decentemente, pero pensaba que sin tener idea de música iba a quedarme rezagado. Pero cuando llegué allí, entré en el grupo alto de guitarra, y vi que había más gente como yo», sin apenas conocimientos de solfeo.
Fue el día 9 cuando, como decía Gabinete Caligari, partió de A Estrada “Camino Soria” con su padre: aún con las dudas de cómo resistir durante once días si Rock Camp no era lo que parecía. Con una doble responsabilidad: su familia había pagado una matrícula que multiplicaba la del campamento municipal ?«había becas para voz y para cada instrumento, pero cuando vi vídeos de solicitantes ya no me planteé solicitarla»? y estaría a 600 kilómetros de casa: «Cuando iba al campamento a Ribeira o a Sada, aún puedes llamar para que vengan a buscarte, pero a Soria ?».
No hizo falta que nadie fuera a rescatarlo: en cabañas de diez chavales, y con la música como nexo de unión, todo estaba rodado. Cada mañana, a las 8.30, se despertaban a ritmo de rock: desde Living on a prayer a AC-DC. Por las mañanas tenían tres horas de clases, de instrumento, de lenguaje musical, historia del rock o de sonido: «Al ver el nombre te podían parecer aburridas. Pero para nada, todas eran entretenidas: te enseñaban desde las características de distintos micrófonos hasta cómo grabar una demo o bibliotecas de sonidos».
reportaje
Once días sin móvil ni conexión a Internet, con actuaciones ante los demás chicos
En el día a día de Rock Camp había tras las clases matinales tiempo de piscina, actividades y ensayos: porque cada participante tuvo que ofrecer un mínimo de dos conciertos en el campamento. Xián García tocó con su grupo Are you gonna be my girl, y el clásico The house of the rising sun. En su grupo, al bajo, formaba el otro alumno gallego de Rock Camp: Beltrán, de Bertamiráns, que toca desde hace un mes. Entre los monitores, también estaba una gallega en las clases de canto.
Xián volvió encantado de Navaleno, y si sus padres se lo permiten, no duda ni un segundo de cuál sería su mejor campamento para el verano del 2017: «Ahora ya tengo un poco de idea de lenguaje musical, de cómo se componen las canciones, de cómo montar una maqueta. Y me gustó mucho que allí todo el mundo puede tocar y cantar, y nadie lo critica, la gente se suma. Hay mucha empatía, si alguien en el escenario se equivoca, lo aplauden y lo animan para que siga tocando y cantando».
Sin móvil ni Internet
Tan bien se lo pasó, que tardó muchos días en darse cuenta de que estaba sin teléfono. Porque esa es otra regla que se impone en Rock Camp: «Podías llevar reproductores de música, pero que no tuviesen cámara de fotos ni acceso a Internet», y tampoco tenían durante el día el teléfono móvil: «No lo eché de menos, porque todo el rato estás haciendo algo que te gusta, no hay tiempos muertos». Ahora, en A Estrada, sí recuerda esos once días de puro rock en Navaleno.