El nicho antes que el banquillo

Lorena García Calvo
lorena garcía calvo A ESTRADA / LA VOZ

A ESTRADA

El entrenador de Berres se ausentó en el descanso de un partido para ejercer su profesión de enterrador

14 feb 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Ramón Valladares, Monchiño, lo tiene muy claro, lo primero es el trabajo. Por eso el pasado domingo en pleno partido de su equipo, el Berres (A Estrada) de Segunda Autonómica, tuvo que dejar el banquillo, coger su coche y atravesar pistas para llegar a una aldea próxima y ejercer su profesión: enterrador.

El empleo de Monchiño no es de los que se programan, por lo que el domingo se encontró en la tesitura de que el partido de su equipo ante el Chaián y un funeral coincidían en el tiempo. Como su función es cerrar los nichos tras los entierros, «e xa teño calculado o tempo que cada cura vén tardando na misa», decidió dirigir al equipo hasta la segunda mitad y esperar la llamada de un amigo presente en el funeral para que le avisase cuando llegara su turno. Dicho y hecho. Poco antes de las cinco y media, en pleno partido, abandonó el banquillo y se fue al tajo.

Cambió el chándal por el mono de faena y la pizarra por la espuma. Fue apenas un cuarto de hora, «coñezo ben as pistas, e sei por onde hai os atallos». Tardó lo imprescindible en ir, sellar el nicho y regresar, y todo bajo la prisa y la incertidumbre de qué estaría haciendo su Berres. Monchiño dejó el partido con el marcador a ceros y así mismo se lo encontró, aunque a su regreso se topó con que su equipo jugaba con un hombre menos. «Expulsáronme a un xogador por dobre amarela, a segunda por protestar. Igual se eu estivera alí non caía a segunda tarxeta», reflexiona el enterrador, que entre trabajo y trabajo da mil vueltas en la cabeza a la idea de qué hacer para sacar al Berres del pozo del descenso en el que se lo encontró hace siete jornadas.

Ya había antecedentes

La carrera que Monchiño se pegó el domingo para compaginar fútbol y entierro tiene precedentes. Hace un par de jornadas se perdió media parte para acudir a otro funeral. «Case cubro doce concellos, e este traballo non entende de domingos; ademais, os horarios dos enterros e os partidos adoitan coincidir». Cuando Ramón Valladares abandona el banquillo «deixo unhas direccións dadas a un directivo, pero nunca é o mesmo». Dice que «no partido co Chaián os xogadores creo que nin se deron conta de que marchara», igual que los árbitros. Sus futbolistas entienden que la labor de Monchiño es lo primero, y no muestran queja. «Levo cinco anos e medio nisto, para unha aseguradora», y ya como futbolista se perdió más de un choque. «Daquela non ía xogar e punto, que o primeiro é o primeiro», resalta.

El trabajo de Monchiño también le aleja ahora de los encuentros del equipo de veteranos en el que habitualmente juega. «O adestrador dime que non lle vou a un partido, pero é que os horarios coincídenme todos mal». Adora el fútbol, y por eso intenta compaginar pasión y profesión, aunque tenga que hacer filigranas. «Algunha vez vaime meu irmán, pero se coinciden dous enterros á mesma hora, como o domingo, é imposible». Y está claro que su trabajo no es de los que puedan esperar.