La parroquia estradense reunió a millares de personas que siguieron el ancestral rito equino Ayer hubo suerte en el curro, ya que las coces que lastiman de verdad no alcanzaron a nadie.
04 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Son poderosos y vuelan. Son aloitadores, nacidos en la parroquia estradense de Sabucedo y entrenados desde niños en el monte y en el curro para batirse el cobre con la bestas. Adiestrados para un combate largo que empieza con la recogida de los animales en los montes de la zona y termina en lucha para cortarles las crines y marcar a los potrillos. Tambien se deslizan como culebras sobre los lomos de la grea de yeguas apiñadas en el curro. Vuelan y se deslizan para agarrar la crin. Dos inmovilizan la cabeza del animal. Un tercero agarrado a la cola la maneja como un timón. La yegua dobla. Normalmente, por las patas traseras en espectacular caída que eleva y zarandea a las aloitadores. Pero no sueltan la presa. Todos acaban en el suelo. La grada aplaude a rabiar tras el silencio y la tensión. Los aloitadores son poderosos, siempre ganan la crin y el pelo de la cola, con los tijeretazos de otras dos personas que completan los equipos de cinco. El producto conquistado, sin valor económico, acaba en la grada lanzado a los casi dos mil espectadores, y en la arena. José Paz, el presidente de Rapa das Bestas, este ritual con cinco siglos de historia, levantó al público tres veces con otros tantos saltos desde el muro del curro. Todos acaban derrengados. La camiseta de Touriño apretada llena un cubo de agua. Se llenan tantos cubos como aloitadores. Esfuerzo y sudor. Ayer hubo suerte. Las coces que lastiman de verdad se quedaron en el aire. Las yeguas pierden la crin pero son las reinas. Sin ellas no habría rapa. Ni tampoco la acampada alternativa que siembra de cientos de tiendas Sabucedo, en romería sin medida y sin fin.