Raúl, futbolista del Cogal, pidió matrimonio a su pareja aprovechando la celebración del tanto que acababa de marcar
17 oct 2023 . Actualizado a las 05:00 h.Raúl Calvo, futbolista del Cogal Rodeiro, quería casarse de penalti. No me malinterpreten, literalmente quería pedir matrimonio a su pareja, Vanesa Villanueva, tras marcar desde los once metros. Estaba todo planeado: él marcaría y en la celebración se dirigiría a las gradas, hincaría la rodilla y juraría amor eterno a su amada ante la mirada atónita de los aficionados. Un plan sin fisuras. Como centrocampista que es, el gol no está entre sus atributos, así que para asegurar una pedida tan especial pidió a su entrenador que le dejase lanzar el primer penalti que le pitasen al equipo en el partido que se disputaría el domingo contra el Belvís en el municipal de A Raña. Conchabado con el técnico, un compañero de equipo y con una amiga de su novia, todo estaba preparado, tan solo faltaba que se diese la circunstancia y la pelotita entrase.
Sin embargo los acontecimientos se precipitaron. Quizás fue la ansiedad por marcar, las ganas de hacer el partido de su vida o el dichoso azar, pero ni siquiera le hizo falta un penalti para anotar. A la media hora de partido Raúl hacía el gol, era el momento de ejecutar su plan y pedir matrimonio al amor de su vida. «Ao marcar o gol fun para o banquillo porque o adestrador tiña o anel no peto. Despois subín polas escaleiras ata a zona onde estaba ela na grada. Cando cheguei aínda estaba mirando ao banquillo esperando a que saíra, levou unha boa sorpresa. Nin se moveu, non entendía o que estaba pasando», explica Raúl.
«Non sabía nin onde meterme», comenta entre risas Vanesa. Evidentemente le dijo que sí, pero estaba tan descolocada y sorprendida que le costó reaccionar. «Cando marcou o gol vin que ía ao banquillo a celebralo. Eu estaba co meu neno vendo o partido e seguía mirando cara o campo cando de súpeto véxoo ao meu lado. Pensei que se mancara, pero tamén me parecía raro. Logo xa vin que se poñía de xeonllos co anel e eu aínda seguía cos brazos e as pernas cruzadas. Preguntábame “pero si ou non?” e o meu fillo ao lado dicíndome que quería auga. Cada un ao seu», rememora divertida.
Un doblete, por si acaso
Vanesa asegura que en ningún momento sospechaba que podía pasar algo así. «Tiña o segredo moi gardado. Nunca me imaxinei que podía facer algo así porque é súper tímido. Pilloume todo de sorpresa». Satisfecho por lo bien que salió el plan, Raúl confiesa que ya rondaba su mente desde hacía semanas, esperando el momento idóneo para ejecutarlo. «Xa levaba bastante tempo coa idea na cabeza. A semana pasada deume por dicirllo a un compañeiro de equipo. El díxome que lle convencía moito a idea e falei co adestrador para que me deixara tirar o penalti. Tiña esa idea, levaba tempo dándolle voltas e quería facelo, confiaba en que ía dicir que si», explica.
La única lástima es que no hay vídeo de la pedida, ya que una de las compinches, la encargada de inmortalizar el momento, llegó en la segunda parte.
—Claro, ¿quién contaba con que ibas a marcar un gol tan pronto? —Efectivamente! (ríe). Era evidente que era su tarde. Tanto es así que cinco minutos después de marcar el gol con el que pidió matrimonio a su chica, llegó el dichoso penalti que, a buen seguro, tantas veces imagino desde que trazó el plan. A pesar de haber cumplido el objetivo, el entrenador se apiadó y dejó que lo tirara. Raúl no falló y transformó la pena máxima para poner el 3-1 en el marcador. Al final el partido terminó 3-3 y el Rodeiro desperdició su ventaja, pero eso es lo de menos porque como dijo el bueno de Raúl: «Foi un domingo perfecto».
Un flechazo
La pareja que forman Raúl y Vanesa no es al uso. Ella es diez años mayor que el, pero esa distancia no supone ninguna barrera para ambos, que han alcanzado un grado de amor y complicidad que se palpa al momento cuando uno habla con ellos. «Eu teño 30 anos e el fai 20 en xaneiro, é noviño», comenta Vanesa, quien reconoce que después de llevar un año de relación no esperaba esta declaración tan pronto. «Pilloume todo de sorpresa», asegura ilusionada. Por su parte, Raúl explica que se trató de un flechazo y que estaba «moi convencido de casar».
Además, ella tiene un hijo pequeño de otra relación. Un factor que lejos de suponer un inconveniente, ha servido para unirles más. «Sempre se levou moi ben con el, de feito o neno díxonos: “qué familia máis guai somos”», afirma Vanesa.
Ahora es momento de ilusionarse planificando una vida juntos, empezando por poner fecha y lugar al casamiento. Sea donde sea y cómo sea la joven pareja merece los mejores deseos y una vida feliz y cargada de cariño.
Por cierto, semejante acto de amor no fue suficiente para ablandar el corazón del estamento arbitral. Que con el reglamento en la mano sancionó con tarjeta amarilla esta original celebración con campanas de boda.