El aventurero y emprendedor que encontró su sitio en su tierra natal

Javier Benito
j. benito LALÍN / LA VOZ

DEZA

MARCOS MÍGUEZ

Toño, un hombre afable y conversador, regentaba Casa Goris desde hace 26 años

23 dic 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Ya había echado sus cuentas. Un año más de trabajo antes de jubilarse para echar a rodar nuevos proyectos. Pero su corazón le jugó una mala pasada a Toño o Goris, como todos conocían a José Antonio Ramos Goris, fallecido este lunes a los 65 años de edad. Un hombre afable, aventurero y emprendedor, a quien tocó emigrar como a tantos otros dezanos y gallegos, pero que regresó a su tierra natal. En su Merza encontró el acomodo definitivo, su sitio, junto a su mujer, María Esther Pena, con quien tuvo a sus hijos Víctor, Virginia y Carlos.

Corría el año 1994, en pleno bum del turismo rural en Galicia, cuando el entonces presidente de la Xunta, Manuel Fraga, acudía al lugar de Reboredo, en la parroquia cruceña de Merza. Cortaba la cinta inaugural de Casa Goris, de las primeras en Deza en abrir sus puertas con cuatro habitaciones. Desde entonces Toño estaba al frente del negocio. Supo capear buenas y malas épocas, con ese bodegón donde tantas tertulias de amigos se disfrutaron, con un anfitrión capaz de transportarte a otros mundos.

Toño había cursado estudios en Merza antes de saltar al seminario de Caldas de Reis, para después tomar otros caminos que por ejemplo le llevaron a Madrid o a embarcar con mil destinos. En Venezuela hizo otra parada en su vida, donde regentó una tienda de fotografía. Pero este hombre inquieto tampoco se asentó en tierras latinoamericanas. A su regreso a nuestro país trabajó en Gijón y en Lalín abría negocio de fotografía. Después llegaría Casa Goris y el turismo rural, con cargos directivos incluso en asociaciones como la dezana Ouro Verde o en entidades autonómicas.

Quienes le conocen de cerca resaltan su capacidad para innovar, para buscar soluciones cuando surgían piedras en el camino, soluciones a la falta de clientela. Encontró nicho de mercado entre los peregrinos que discurrían por la Vía da Prata. Iba a recogerlos a la ruta convenciéndoles de pernoctar en su alojamiento. O contó año tras año con la fidelidad de piragüistas centroeuropeos de primer nivel mundial, con los trabó una intensa relación. Alguno de sus amigos recordaba ayer con cariño especial el reencuentro del eje Toledo-Madrid-Merza el pasado año, de amigos desde cuatro décadas atrás, que coincidió con las bodas de plata de Casa Goris.

Toño destacaba por su bonhomía, su talante, ese carisma especial que transmite confianza, además de poseer una oratoria que atrapaba cada vez que contaba sus peripecias a bordo de los barcos con los que por ejemplo arribaba a las costas africanas, donde incluso compartían partidos de fútbol con los aborígenes. El mejor contador de historias, de sus propias historias, era él, embelesando al público.

Un hombre dinámico, que ejemplificaba el concepto de amistad, nos dejaba de forma repentina. Abre un vacío importante entre las muchas personas que le conocían por su trayectoria profesional y vital, en especial en Merza, pero sobre todo en su familia, que le vela hasta las 16.30 horas de hoy en el tanatorio de Albia en Silleda. Después será trasladado a la iglesia de Santa María de Merza, para el funeral.