El día que el Ulla se cobró 8 jóvenes vidas

El Seat 124 en que regresaban a sus casas la noche del Martes de Entroido de 1979 se precipitó al río al salirse del puente medieval en Pontevea: solo hubo un superviviente, que logró alcanzar a nado la orilla


a estrada / la voz

La noche del Martes de Entroido de 1979 terminó en tragedia en Pontevea. Nueve jóvenes, de entre 11 y 27 años, regresaban desde Souto de Vea (A Estrada) a sus casas a bordo de un Seat 124 tras recorrer disfrazados varios lugares, a ambos lados del río Ulla. Pero el vehículo derrapaba al enfilar el angosto puente medieval y volaba desde el segundo tramo, precipitándose desde una altura de unos 15 metros a las frías aguas de un caudaloso Ulla en plenas lluvias invernales. Eran otros tiempos, y en la parte delantera viajaban cuatro ocupantes, con cinco en el asiento posterior. Solo se salvó Antonio Claro Piñeiro, de 14 años, quien viajaba detrás con sus amigos. Antonio -fallecido el pasado mes de diciembre a los 54 años en Araño (Rianxo)- relataba a La Voz de Galicia horas después del suceso los pormenores del accidente, mientras se recuperaba en su casa de Sinde: «A carretera estaba moi mal e ao frenar fóisenos o coche. Viñamos a unha velocidade normal. Cando o coche iba polo aire cara o río, quedamos todos en silencio».

El único superviviente no sabía cómo logró salir del coche. Recordaba que empezó a nadar, pese a las dificultades del disfraz de embarazada que llevaba. La noche era muy oscura y no pudo ver a nadie en el río. Ganó la orilla unos 150 metros aguas abajo del puente, cerca de una casa que le sirvió de referencia: «Viña nadando, pero como non sabía onde estaba a beira, fun a rumbo hasta un chalet». De allí se fue hacia la gasolinera, donde un joven le auxilió llevándolo a su casa, desde donde dieron aviso de un accidente en el que no hubo más supervivientes.

Los ocupantes de otro coche que circulaba por la carretera A Estrada-Santiago poco después se habían percatado del suceso, porque el coche continuó en el río con las luces encendidas hasta agotar la batería, y pararon al ver rota la barandilla. Horas después, familiares de los jóvenes accidentados iban llegando a Pontevea antes de amanecer.

Pasadas las 9.30 horas se recuperó el coche del río, con el maletero abierto y un fuerte golpe en la parte trasera, como puede verse en la fotografía de Lalo publicada en La Voz el 1 de marzo de 1979. Fue necesaria la intervención de una potente grúa y la ayuda imprescindible de un buzo de A Estrada, Juan Blanco Gestoso. En el interior del vehículo estaban cinco cadáveres: el conductor Ángel de la Cruz Castillo, de 27 años, quien estaba de vaaciones de su trabajo en Suiza; Antonio Pérez Dios, Tito Iglesias Amo, Manuel López Carreira y José Gestal Vento.

Sobre las 10.45 horas fue rescatado el cadáver de José Devesa Cerdeira, de 17 años, a más de un kilómetro del puente, en las proximidades de un molino situado en la orilla del río.

En la zona se personó un equipo de seis buceadores de la Escuela Naval Militar de Marín, al mando de un capitán. Faltaban por recuperar dos cadáveres de aquella luctuosa madrugada del 28 de febrero de 1979. Los buzos encontraron el 3 de marzo a Manuel Iglesias Vilariño, de 14 años, y también se recuperó después el cuerpo sin vida de José Manuel Varela García, de 11 años y cuñado del conductor.

Se cerraba así la tragedia de aquel infortunado Martes de Entroido que la pandilla de chavales había comenzado a las siete de la tarde en Sinde (Padrón). Después de recorrer el lugar se subieron a aquel Seat 124, matrícula C-7878-E, para salir por las cercanías. Iban ya cinco en el coche, pero en una casa próxima recogieron a otros cuatro amigos. Todos ellos disfrazados, se dirigieron hacia el cercano núcleo de Pontevea. De allí fueron a Sestelo, a la casa de un familiar, y marcharon más tarde a una parrillada de Souto de Vea, en A Estrada, cruzando ya a la otra margen del Ulla. Al llegar estaba cerrada, y emprendieron regreso a su aldea.

A las dos de la madrugada

El accidente ocurrió hacia las dos de la madrugada. Fue la hora a la que se pararon los relojes de los fallecidos, que no pudieron sortear un puente cuya peligrosidad habían hecho constar en múltiples ocasiones tanto vecinos como usuarios de la transitada carretera A Estrada-Santiago. Con un único carril y una elevada parte central en rasante que impedía ver si algún otro vehículo circulaba ya por el viaducto, eran constantes los retrocesos de coches y autobuses hasta su base para permitir el paso del otro. Una circunstancia temida por conductores noveles, que hacía del viaje de A Estrada a Santiago un recorrido dificultoso.

Con posterioridad al grave accidente comenzó la construcción del actual puente sobre el Ulla entre los municipios de A Estrada (Pontevedra) y Teo (A Coruña), que permitió concluir con esas anacrónicas dificultades circulatorias, e hizo posible que el puente medieval fuese poco a poco recuperando los sillares de piedra en lugar de barandillas metálicas en la parte de su estructura próxima a la calzada, eliminándose el tráfico que soportó durante siglos. El puente fue declarado Ben de Interese Cultural (BIC) por la Xunta en noviembre del 2017.

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