Un cadáver y dos candelabros en A Estrada

Unos cazadores encontraron el cuerpo de Rosalía Gonçalves en un recóndito paraje del monte Enviande. La joven quería dejar una banda de atracadores y sus compañeros la asesinaron


a estrada / la voz

Hoy se cumplen 26 años de la publicación en La Voz de Galicia de la confesión de Alfonso Iglesias Valiño, un joven de 22 años, natural de Campolameiro, como autor material de los tres tiros que acabaron con la vida de Rosalía Gonçalves da Maia, de 21 años, cuyo cadáver apareció el día de Reyes cubierto de nieve en el monte de Enviande, en la parroquia estradense de Souto. Él y Fernando Manuel Murais Rodrigues Soares, de la misma edad, nacido en Luanda (Angola) y nacionalidad portuguesa, fueron condenados por la Audiencia de Pontevedra en mayo de 1995 a 30 años de prisión por el asesinato de la joven. Rosalía se uniera a su banda de atracadores y quería dejarlo.

El cuerpo fue encontrado entre unos matorrales por tres cazadores de la zona: Manuel Pereira Fernández, Juan Barreiro Souto y Antonio Cerviño Pereira que habían aprovechado el último día de la temporada de caza para ir a los conejos. El suceso conmocionó a la sociedad gallega. Apareció en un lugar recóndito y con una puesta en escena que sorprendió. La mujer estaba vestida pero descalza y colocada como si estuviera en un ataúd. Con la ropa bien alisada, el pelo recogido y las manos puestas sobre el vientre. A los dos lados, uno junto a cada hombro, había dos candelabros con sendas velas apagadas.

El frío hizo que el cuerpo estuviese bien conservado y la nieve caída esa noche le cubría parte del rostro. El monte Enviande está situado a unos cuatro o cinco kilómetros de la carretera que une la parroquia estradense de Codeseda con Campolameiro. Cuando se conoció la noticia, los vecinos expresaron su sorpresa por el macabro hallazgo y no entendían como habían dado el asesino con ese lugar dado que, se recogía en la noticia, «deben utilizarse algunas carreteras locales y caminos y cualquiera puede perderse».

En uno de los bolsillos de la joven se encontró olvidado un mechero del bar Toño de Andorra. Una pista que fue crucial para resolver el crimen. El mechero llevó a los investigadores al Principado donde se distribuyó una foto de la víctima los días siguientes. El 9 de enero se publicaba que la policía no descartaba un móvil pasional para el crimen. Aún se desconocía la identidad de la joven, cuyas huellas dactilares, no constaban en los archivos policiales. La autopsia demostró que no fue violada ni sufrió malos tratos y que recibió tres impactos de bala. Dos, quedaron alojadas en su cuerpo y a su lado fue encontrado un tercer casquillo del calibre 22, súper X. Presentaba un orificio de bala en la sien izquierda y otras heridas en ambas partes de la mandíbula.

La joven asesinada pesaba 53 kilos. La mataron en otro lugar y trasladaron el cuerpo al monte. Se supo esos días que no era de la zona. Vestía un jersey azul, un pantalón vaquero oscuro y una camisa blanca.

El 14 de enero se publicó la resolución del crimen. Alfonso Iglesias Valiño, de 22 años, se confesaba autor material del mismo. Él y Fernando Manuel Murais Rodrigues Soares habían sido detenidos el 11 de enero en Pamplona en un control rutinario. En la noticia se explicaba que «el permiso de conducir falso que portaba uno de ellos hizo que los jóvenes pasasen a disposición de la Policía Judicial de Pamplona, donde fueron relacionados con las personas buscadas en Pontevedra. Entre sus pertenencias figuraban un pasamontañas, un espray paralizante y una careta de payaso».

Su confesión desveló las claves del suceso. La joven asesinada era Rosalía Gonçalves da Maia, de 21 años, nacida en Francia y con residencia en Vilaverde (Portugal). En su declaración, recogía La Voz de Galicia, Alfonso Iglesias confesó que había sido el autor material de los disparos y que Rosalía había entrado a formar parte de la banda de atracadores después de que la conocieran en el club de alterne portugués Sassarico donde trabajaba con el sobrenombre de Paula. Dijo «que mataron a su compañera, a las tres de la madrugada de la noche de fin de año, cuando esta les dijo que quería dejar la banda, y amenazó con informar a la policía sobre los atracos si no la dejaban irse».

Rosalía salía en una imagen grabada por una cámara oculta en un atraco a una sucursal bancaria en Codesa el 28 de diciembre de 1993. Se la veía con un hombre que estaba encañonando a un cliente que tenía las manos levantadas. Se llevaron 472.000 pesetas. En sus primeras declaraciones ante el juez, Iglesias, indicó que habían colocado los candelabros como una señal del cariño que le tenían a la joven. Los tres disparos se efectuaron con un rifle recortado, el mismo que, se publicaba esos días, volverían a utilizar el 7 de enero durante un atraco a una gasolinera muy próxima a Pontevedra y que apareció en Navarra, cerca de donde fueron detenidos. Iglesias pasó la Nochebuena en casa de su padre con su amigo y una chica. Se fue y volvió el 1 de enero con Fernando, pero ya sin Rosalía.

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