Trescientos años del retablo de la iglesia de Santiago de Taboada

josé carro / inés carballo LALÍN

DEZA

MIGUEL SOUTO

La iglesia de Santiago de la localidad silledense atesora una representación iconográfica inusual

29 jul 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

El templo parroquial dedicado a Santiago Apóstol radica en el lugar de Taboada, en el Ayuntamiento de Silleda, provincia de Pontevedra y Diócesis de Lugo. Se accede a él desde la carretera N-525 en su trayecto de Lalín a Silleda y aproximadamente dos kilómetros antes de esta última población. Al llegar observamos en el entorno inmediato de la iglesia un cruceiro del siglo XVIII erigido sobre una grada de cuatro peldaños, encima del primero de los cuales se asienta un sarcófago monolítico, de forma trapecial, trasladado allí desde otra ubicación previa. Hay también una escultura pétrea moderna que representa a un peregrino como expresión genérica de los que pasan por este lugar utilizando cualquiera de los dos caminos que por aquí transcurren, el llamado Camino de Invierno, el cual desde Ponferrada pasa por O Barco de Valdeorras, Montefurado, Ribas do Sil, Monforte, Chantada, Rodeiro, Lalín, Silleda, Ponteulla y Lestedo, o bien por el denominado Vía de la Plata, o del Sudoeste, que en su último tramo desde Ourense discurre por San Cristovo de Cea, Castro, Lalín, Silleda, Ponteulla y Lestedo para terminar, ambos, en la urbe apostólica compostelana.

El templo de Taboada data del siglo XII, construido en estilo románico y se compone de ábside rectangular y una nave del mismo formato, totalizando ambos diecisiete metros de longitud y una anchura máxima, en la fachada principal, de ocho metros. Sufrió varias modificaciones en los siglos XVI y XVIII, añadiéndosele en esta última centuria una sacristía por el lado norte y una españada-campanario en la parte alta de la fachada principal. Con todo han sobrevivido diversos testimonios arquitectónicos de su etapa inicial románica: la puerta principal, en cuyo tímpano puede verse la escena de Sansón matando al león; los mútulos que sostienen los aleros del tejado, una bonita ventana que da luz al ábside y los dos arcos que sostienen la bóveda del este.

En el interior hay tres retablos: el principal, del que hablaremos extensamente y los dos laterales, uno en el lado norte de la nave, con imágenes de Cristo y la Virgen Dolorosa, Santa Ana con María niña y San Antonio de Padua; y otro en el lado sur, dedicado a las apariciones marianas de Fátima y sus circunstancias. Al fondo de la nave existe una tribuna abalaustrada construida en madera, a la que se accede por una escalera del mismo material sita en su extremo sur.

En la capilla mayor diferenciamos los siguientes dos elementos. Por un lado, ángeles portabanderas; de pie sobre los dos capiteles del arco triunfal de la citada capilla fueron colocados dos angelotes de estilo barroco, policromados, llevando sendas banderas: el del lado norte la de España en su modalidad roja y gualda, introducida durante el reinado de Carlos III y el del lado sur, la de tela blanca y Cruz de Borgoña, utilizada desde la época del archiduque Felipe El Hermoso, consorte de Doña Juana, reina de Castilla y León. Tales ángeles portabanderas están inspirados en los muchos, análogos, que existen en la Capilla Mayor de la Catedral de Santiago, algunos de los cuales pervivieron, por lo menos, hasta mediados del siglo XX llevando trofeos bélicos enviados al Santo Apóstol, como «patrón y defensor de España».

Por otro lado está el altar mayor. Es el que nos interesa en este momento ya que, construido en madera tallada y policromada, estilo barroco, ofrece, en su retablo una representación iconográfica excepcional de la famosa Batalla de Clavijo, en la que tuvo lugar una aparición milagrosa del Apóstol Santiago a favor del ejército cristiano. Además se cumple en el 2018 trescientos años de la colocación de este retablo. En la cornisa del entablamento, que separa los cuerpos inferior y superior del citado retablo, puede verse la inscripción cuatripartita, en letras doradas, que dice: «Este retablo lo hizo a/ su costa el Licenciado D. Antonio/ Cortés y Pinedo siendo cura/ el año del Señor 1718». Infelizmente no hemos podido saber ni el nombre del artista ni el taller en que se esculpió y pintó.

El cuerpo superior muy ajustado al espacio del ábside disponible para el altar, tiene forma de segmento de círculo o frontón circular y en él se ofrece una por nosotros nunca vista representación plástica de la mencionada Batalla de Clavijo. Se libró en la localidad homónima de La Rioja, los días 22 y 23 de mayo del año 844, entre los ejércitos cristiano y musulmán, respectivamente mandados por los reyes Ramiro I y Abderramán II.

Fue aquí donde tuvo lugar la primera aparición celestial del Apóstol Santiago el Mayor o Santiago Zebedeo, sobre un caballo blanco, cuya presencia al frente de las tropas cristianas decidió la victoria a favor de estas, seguramente por infundirles un ánimo de particular esfuerzo.

Forma novedosa de representación del combate

El gran mérito de dicha escena se debe a la forma novedosa en que se expresa lo acaecido el día 23 ya que, contra lo que sucede en los miles de otras representaciones de lo mismo donde el Apóstol Santiago, al frente de los cristianos, persigue a las tropas musulmanas que huyen despavoridas dejando detrás de sí a numerosos soldados decapitados, en la que nos ocupa ambos ejércitos van a embestir frontalmente, mandados por sus respectivos monarcas, identificables por las coronas y cetros que portan y en donde Santiago galopa por tierra, delante del rey Ramiro I. Sobre ellos hay un Cristo que parece suspendido del cielo y encima del mismo la Cruz de Santiago, de color rojo, enmarcada por una orla de elementos vegetales. Diversos autores vieron la mencionada representación de Clavijo pero ninguno se dio cuenta de que no seguía el patrón iconográfico habitual.

En el bando cristiano figuran, detrás de su rey, cinco soldados vestidos con uniformes propios del siglo XVIII, el primero de los cuales actúa como portaestandarte del Apóstol, pues lleva una bandera blanca en la que puede verse la cruz-espada roja, atributo específico de este santo mientras que los restantes van armados con lanzas. Constituyen el lado musulmán cuatro soldados, vestidos a lo morisco, con turbantes y blandiendo cimitarras en su mano derecha mientras llevan escudos en la izquierda sobre los que pueden verse pintadas medias lunas muy características.

En cuanto a los personajes con nombre propio diremos que a Santiago lo vistieron como peregrino. Luce cabello y barba dorados y empuña una espada flamígera. El rey Ramiro lleva, sobre su pecho, el collar de la Insigne Orden del Toisón de Oro, notable anacronía pues dicha orden no existe hasta el siglo XVI. Abderramán II viste esclavina-capa blancas con orla dorada; túnica verde abierta por delante, asimismo, bordes dorados y calza botas de montar, sin espuelas. Exhibe, como sus soldados, poblada y negra barba-bigote y porta en su brazo izquierdo un escudo circular en el que puede verse el relieve de una cabeza con turbante difícil de interpretar.

Respecto a la Batalla de Clavijo, su importancia y efectos, históricamente fue una de las múltiples que se libraron durante los siete siglos que duró la Reconquista de la Península Ibérica. Habiendo transcurrido muy mal para los cristianos el combate del día 22 y por tanto esperándose lo peor para el siguiente 23, se apareció en sueños al rey Ramiro I el Apóstol Santiago anunciándole su ayuda y por tanto la victoria, como efectivamente sucedió.

De ellas derivaron cuatro efectos: la primera intervención milagrosa del Apóstol en apoyo de las armas cristianas. La segunda vez que Santiago se implica en otro caso bélico fue en 1064, propiciando la toma de la ciudad de Coímbra por el rey Fernando I. En segundo lugar, como fruto inmediato de la batalla se reconquistaron los territorios riojanos contiguos de Albelda, Clavijo y Calahorra; en tercero, se instituyó por el rey Ramiro I y como expresión de su gratitud, el llamado Voto de Santiago, consistente en un pago anual, al templo apostólico compostelano, de ciertas cantidades de grano y vino aportados desde los territorios cristianos, parte del proceso para considerar al Apóstol como patrón de los reinos hispánicos y de sus ejércitos y a su templo como Santuario Nacional de España. El privilegio de voto sufrió, a partir del siglo XII, numerosos vaivenes del sí y no, llegando a negarse que tuviera lugar la aparición milagrosa del Apóstol en la aludida batalla, e incluso la existencia de la misma. En 1834 se suprimió definitivamente el voto con motivo de la Desamortización de Mendizábal. Y, cuarto, lo conseguido en Clavijo supuso, además, que la España cristiana de entonces dejó de pagar una serie de tributos a los califas musulmanes, uno de los cuales fue el ominoso, anual, de las cien doncellas. Una expresión plástica de dicho tributo se conserva en cierto tímpano pétreo de la catedral de Santiago donde el Apóstol caballero, con espada y estandarte, es venerado por seis de las referidas doncellas. Datado como de la segunda mitad del siglo XII tiene el valor de ser la representación más antigua que se conoce del Santiago bélico.

José Carro es miembro de las Academias Nacionales de Historia y Bellas Artes de España y de Portugal; e Inés Carballo preside la asociación Emecla de Rodeiro