La Audiencia de Pontevedra impone al joven una condena de dos años y tres meses de prisión
21 abr 2016 . Actualizado a las 05:00 h.A principios de julio del 2014, la vivienda de una pontevedresa fue completamente desvalijada. Entre otros efectos, echó en falta distintas joyas, un televisor, un altavoz y una pantalla de ordenador. Tiempo después, una amiga suya le restituyó tales objetos confirmando, de este modo, que la persona que los había sustraído fue su hijo, quien presentaba, en el momento de los hechos, un síndrome de dependencia a la cocaína, así como alcoholismo.
Así lo refiere una sentencia de la Audiencia de Pontevedra en la que se impone a este joven una condena de dos años y tres meses de prisión como autor de un robo con fuerza en casa habitada.
En este sentido, se recoge que el acusado no tuvo que forzar ventana o puerta para acceder al interior de la vivienda, que se ubica en pleno casco urbano de Pontevedra. En su lugar, solo tuvo que echar mano de las llaves del domicilio de la víctima que su madre «tenía en su poder para ocuparse de la casa mientras la primera estaba de vacaciones».
Los magistrados de la Audiencia confirman que el acusado es el autor material del robo: «Si en la vivienda no había señales de forzamiento, si la madre del recurrente tenía las llaves de la vivienda, si del interior se sustrajeron objetos y si estos le fueron devueltos a la perjudicada por la madre del acusado, colegir que este fue el autor material del hecho, es una inferencia lógica y natural».
De igual modo, rechazan cualquier motivo espurio en el testimonio que prestó la víctima y denunciante. De igual modo, no «se evidenció ánimo de resentimiento o venganza hacia el acusado, máxime cuando ni siquiera reclamó indemnización por daño o perjuicio alguno».
En un primer momento, el joven fue condenado a tres años de cárcel cuando el fiscal, única acusación, solo solicitó dos años y tres meses. Consideran que el fallo inicial infringió, «sin lugar a dudas y en perjuicio del reo, el principio acusatorio», por lo que le imponen la segunda pena.