Despensa con acento árabe en una carnicería de Lalín

Felipe Varela amplió mercado para dar respuesta a la demanda de carnes halal y otros productos en la zona


Lalín / La Voz

Felipe Varela tiene en común con el diseñador de cabecera de la reina Leticia su nombre, pero a diferencia de este su clientela no es la realeza sino los vecinos de la zona de ascendencia marroquí y argelina y los del país aficionados a los sabores de la comida árabe. Con la crisis pegando fuerte, a Felipe Varela se le ocurrió hace tiempo abrir su establecimiento a nuevos mercados y dar respuesta a la demanda de este colectivo vecinal.

Empezó sirviendo en su mostrador salchichón y chorizo de pavo, con certificado halal y poco a poco fue ampliado productos en la misma medida que una creciendo la demanda.

Cuando uno entra en la carnicería Varela, ubicada en la avenida Luis González Taboada de Lalín, se encuentra una estantería en la que el pimentón tan socorrido en esta época de matanzas convive con el cuscús, los guisantes secos, la sémola de trigo o el agua de azahar.

Una de las máquinas de picar y cortar la carne está destinada exclusivamente a las piezas que llevan la etiqueta Halal, que certifica que los animales fueron sacrificados siguiendo los preceptos islámicos.

Varela señala que sus clientes «agradecen moito ter un sitio onde podan mercar carne fresca certificada». Ternera, pollo, pavo y conejo son algunos de los productos demandados. Entre lo que más vende, apunta, «está o cuscús e a sémola de trigo» junto con condimentos y especies. Algunos productos son made in Galicia y no vienen de muy lejos como el conejo de la empresa de Rodeiro Cogal que sacrifica una parte de los animales siguiendo las pautas exigidas por el Islam o el Laban, un tipo de leche fermentada que produce Feiraco.

Explica que «a xente cada vez nos demanda máis cousas, eles piden e nos tratamos de conseguilo». De esta forma con el paso del tiempo las hojas de trigo, el jengibre molido o las pastillas de Knorr con la etiqueta en árabe forman parte de las estanterías del establecimiento. Tampoco faltan las aceitunas a granel en distintos condimentos ni los dátiles o el té. Felipe Varela comenta que «nesto funciona moito o boca a boca e eles van falando dos productos a otros conocidos». Lo único que no le gusta a su clientela musulmana es, apunta, «os dous xamóns que teño colgados encima do mostrador e cada vez que ven algún a mercar algo sempre mo dicen, pero eu xa lles contó que non teño outro sitio onde polos». Así que de momento las clientelas conviven en armonía.

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