A seis meses de los comicios la encuesta de Sondaxe debe animar a todo el espectro político a reflexionar. A quienes gobiernan y a quienes aspiran a serlo, tanto quienes hoy son oposición como quienes entran en liza por primera vez en el ruedo local.
Quienes hoy conforman la corporación municipal deben preguntarse por qué suspenden en la valoración ciudadana. Deben pisar calle, palpar el sentir vecinal, atropellados por la crisis y que buscan en sus gobernantes locales el primer espejo donde mirarse para atisbar un futuro mejor. Por ahora pocos lo esperan.
Agridulces resultan los datos para el PP. Porque de error sería sacar pecho con una mayoría absoluta renovada sin atrancos. Un almíbar agriado por la nota de los ciudadanos. Crespo y su equipo catean. Un suspenso muy alto, pero suspenso al final. Puede caerse en la lectura fácil de que afectan acontecimientos externos, desde la corrupción en el partido a la crisis. Pero en decisiones propias también reside el desencanto popular. El coste de comprar el Lalín Arena, el del consistorio,... generan rechazo ante quienes engrosan la lista del paro, ven caer empresas y marcharse amigos o familiares. Y, sí, ya sabemos que las políticas activas de empleo no competen a los concellos, pero se puede ir más allá en los actuales programas activados en lo económico.
Mientras, la oposición también suspende en su labor de fiscalizar al gobierno. La nota, aún más baja que la de los populares. PSOE, BNG y PGD (leáse CxG) afrontan con una doble y complicada tarea estos seis meses hasta los comicios. Deben fidelizar a sus votantes y conformar candidaturas con un programa atractivo, capaz de diezmar el granero de votos que tiene el PP en Lalín. Y además con la previsible irrupción de Podemos, una incógnita en el cara a cara municipal pese al tsunami favorable a esta formación en todo el territorio nacional.
Y un apunte final para la reflexión de cada uno. Crespo opta por séptima vez a la alcaldía. El resto de fuerzas presenta caras nuevas para destronarle. La batalla real, en mayo.