«Angrois foi o máis duro que vivín»

Javier Benito
Javier benito LALÍN / LA VOZ

DEZA

Espiño y sus compañeros en la búsqueda de restos el día 25.
Espiño y sus compañeros en la búsqueda de restos el día 25.

José Luis Espiño pudo conocer a Elisa, una de las últimas personas rescatadas con vida en el accidente de Angrois, donde acudieron bomberos y voluntarios de la zona

20 jul 2014 . Actualizado a las 08:00 h.

El trágico accidente ferroviario del Alvia en Angrois perdura en la memoria de todos. A punto de cumplirse un año del siniestro, bomberos y voluntarios de Protección Civil reviven para La Voz sus recuerdos, reavivados en estos días. Las imágenes de aquel drama siguen presentes. Acechan escondidas en los recovecos de la mente para aparecerse, ajenas al olvido.

A José Luis Espiño, concejal en Silleda y bombero en Santiago, le tocó vivir desde un primer momento la tragedia. De una magnitud jamás soñada por este profesional con dieciséis años de servicio. «Angrois foi o máis duro que vivín no meu traballo e claro que o recordas, en moitas ocasións», explica con cierto temblor en la voz. Aquel 24 de julio estaba de refuerzo extraordinario con motivo de los fuegos del Apóstol, cerca de la catedral. Por radio interna se escuchó el descarrilamiento de un tren. «Pensamos que era pouca cousa, pero de súpeto pediron dende o parque de bombeiros que fóramos todos a Angrois», recuerda Espiño.

En un primer momento le tocó actuar en el campo da festa, en el vagón que trepó hasta esa altura con el brutal impacto. «Era dantesco, ardían os vagóns e a xente non sabía onde estaban», comenta Espiño. Le impresionó encontrar dentro de un vagón «a unha nai co seu fillo nos brazos, os dous mortos». Fueron horas intensas en trabajo y emoción contenida, casi de rabia, días de esfuerzo por encontrar restos y limpiar las vías.

En esa negrura de desolación siempre surge alguna luz, un asidero para la esperanza. En el caso de este bombero silledense tiene nombre propio. «Elisa aguantou como unha leona», rememora de esta mujer venezolana, atrapada de cintura para abajo, más preocupada por su hija que por su propio dolor. Hubo que trasladar una grúa de grandes dimensiones para levantar la pieza y rescatar a este mujer. Espiño todavía conserva su teléfono, tras acudir a verla al hospital junto a otros compañeros. «Non perdeu a perna e a súa filla estaba ben, foi unha enorme alegría e non paraba de darnos as grazas», resalta. No llegó a marcar ese numero, quién sabe si estos días...

Una inyección de moral, baja tras recoger «a última persoa que se atopaba carbonizada» o remover entre metales retorcidos en busca de restos humanos. Después llegaron los reconocimientos, los homenajes... Pero en la mente seguirán clavadas imágenes que jamás quiso ver.