Escalinata al arca de Noé y toques feriales multisectoriales

p. v. lalín / lA voz

DEZA

15 jun 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

El recinto ferial es estos días en buena parte de su superficie una gran arca de Noé al que se accede descendiendo una enorme escalinata de 103 peldaños con varios descansillos que hacen recordar evoluciones tecnológicas como el ascensor o la escalera eléctrica. Por cierto, acaban ante el monolito del rey Juan Carlos I. Será o no por la abdicación pero todo lo que se exponía en su entorno pasó al paseo central. Está solo, bueno acompañado de la placa de Touriño en la plaza de Galicia ferial. Es arca de Noé el recinto porque encierra todo tipo de animales desde los caballos, perros y demás ejemplares de áreas de concursos o exhibiciones como cetrería, hasta las razas autóctonas que capitalizan el área de ganadería. Por cierto, desde la organización que las aglutina, Boaga, ya aplican márketing y cuentan con dos peluches que representan a la Ovella Galega y a la Galiña de Mos con la curiosidad de que siendo los originales autóctonos son made in China sus réplicas con diseño catalán porque, como justifican los promotores, «aquí non hai quen as faga». Por cierto, Boaga desarrolla promoción de sus carnes con menú degustación a seis euros. Hoy toca callos de Frieiresa, cordero de Ovella Gallega, escalopes de Limiá y guiso de Caldelá.

Pero el arca incluye comercio individual. Granja Vergé, como recuerda Nieves Capseta, lleva «más de 30 años» acudiendo desde Tarragona a la Semana Verde y precisa: «cuando aún había pabellones de madera». Recuerda los buenos tiempos feriales y asegura que «es muy importante que salga adelante». Allí se puede invertir desde cinco euros por un hámster hasta los 150 de un conejo gigante de Flandes. En medio, lo que se quiera. Por ejemplo, un Skiny, una cobaya sin pelo, propio para alérgicos, por 40 euros.

Y, como espacio multisectorial que se precie con venta directa esta bien contrastar. Me vendían en un pabellón una sierra de afilar cadenas de motosierra por 50 euros y en el paseo central, otra semejante, por 60, como siempre en el mercado tradicional. Para márketing, el vendedor de cuchillos, que no todos son iguales, que «no es lo mismo un churrasco gallego que uno de Albacete» y dominador de las carnes y del territorio vendió el cuchillo. Y en el ir y venir por el recinto, entre el área de caza y la artesanía uno puede valorar sillones robot a medida de toda postura. Y, sofás de todo tipo. Presupuesto, cualquiera: desde menos de 500 hasta más de mil euros. Mientras se circula por estos espacios hierve la sección de alimentación, más completa que nunca, y la oferta de ocio, que se plasma por toda la feria y variada, y en degustaciones por doquier. Hoy, última oportunidad.