Isidoro Calviño perdió la cuenta de los caminos recorridos y aún sigue
25 mar 2012 . Actualizado a las 07:05 h.Isidoro Calviño Calviño cumple en abril 75 espléndidos años. La jubilación la aprovecha sobre todo para disfrutar de sus dos pasiones: la caza y andar. En Rodeiro hay quien le apoda el correcaminos, porque a Isidoro no hay quien le pare. Los viernes, en el Guerra, en Rodeiro, tiene una cita sagrada: la reunión con los miembros del club de senderismo y allí están, entre otros, Jaime, Isabel, Eliseo,... Un grupo que es como una piña unido por los lazos del afecto y por el amor a caminar. Y es que para Isidoro, que varias veces a la semana realiza rutas de 25 o 30 kilómetros, lo de andar tanto «é solo cuestión de entrenamento, non ten nada que ver a idade, so fai falla querer».
Mil kilómetros
Haciendo memoria ya perdió la cuenta de las veces que recorrió el Camino de Santiago. Una de sus últimas aventuras fue ir de Sevilla a Compostela. En total unos mil kilómetros de nada aunque como dice Isidoro con humor «hai quen di que son 1.015 e quen o deixa en 990» que hizo del 6 de abril al 8 de mayo del año pasado. En el 2010 recorrió el Camino Portugués del 23 al 30 de julio y del 16 al 23 de agosto de ese mismo año la Vía da Prata desde Puebla de Sanabria y un poco antes, del 17 de mayo al 28 de junio acabó en Compostela tras salir de Ponferrada siguiendo el Camiño de Inverno.
De sus andainas guarda multitud de recuerdos y de anécdotas y un sinfín de compostelanas, alguna como la de Sevilla a Santiago de algo más de un metro de larga plagada de sellos, que para Isidoro son un recordatorio de los paisajes y los peregrinos con los que se fue encontrando en cada etapa. Isidoro cuenta que «sempre me gustou a caza e camiñar, ando ao xabarín dende fai trinta anos» y defiende los beneficios para la salud de este barato deporte.
Este vecino de Rodeiro lo hace siempre «polos camiños» y disfruta «vendo os animais, parando a falar coa xente, cos que están co gando, cos que teñen can». Como buen cazador lo que más le gusta es disfrutar de la fauna. Por la Cañada Real «vas entre alcornoques e encinas e atopas moita xente con gando», por Sevilla «pasas por un refuxio de fauna salvaxe e atopas buitres que están dando voltas e parecen que están ahí esperando a que tropeces». Lo que más le impresionó «son os porcos eses negros que hai por Cáceres, que pasan e amenázante». Por la zona suele ver corzos y estos días hasta lobos.
Parte de los recorridos los repitió muchas veces y de elegir no sabría con qué quedarse. Conoce al dedillo la geografía gallega que pateó muchas veces. Un periplo que suma multitud de rutas, siempre a pie, unas para subir y bajar Trevinca, otras por la sierra de Manzaneda y Queixa, las caminatas por la Ribeira Sacra, las paradas en los monasterios y las vistas al Sil desde los Balcones de Madrid, los recuerdos de alguna Noche de San Juan en Muxía, el camino hasta Finisterre, Os Ancares y la belleza de las rutas de Deza.
Del Camino subraya la solidaridad y la ayuda que los peregrinos se prestan unos a otros en caso de necesidad. Para ilustrarlo Isidoro va desgranando anécdotas y vivencias. Una de sus costumbres pasa por llevar siempre «un pequeno botiquín na mochila, que mellor é non usalo, pero aínda que non che faga falta a ti, sempre podes atopar a alguén que necesite algo». Guarda como oro en paño algunos remedios, una pomada milagrosa para las rozaduras de una farmacia, una plantilla,...
Sus únicos percances fueron los de encontrarse con alguna gran tormenta que lo caló de pies a cabaza. Cuenta que «cerca de A Gudiña tiven que vir pola estrada porque había tanta auga que non se daba polo camiño». En cuanto a sus compañeros de viaje señala que «atopas xente moi sociable e xente moi rara» y de todas las nacionalidades imaginables. El idioma no es un problema porque como dice Isidoro «os extranxeiros falan todos español, aínda que non conxugen ben, nos en cambio non sabemos nada».
«O principal é o entrenamento e querer, para camiñar non importa a idade»