Texto El Celta se ha metido él solito en la Casa del terror, en la habitación del pánico. Después de haber perdido en el último mes frente al Real Unión y el Castellón estando el rival en inferioridad numérica, ayer se repitió la historia en Villarreal y los de Eusebio cayeron ante un equipo que se quedó con diez a los cinco minutos empezar el encuentro.
Los fantasmas del descenso son cada vez más reales y la imagen del equipo, no solo en el terreno de juego, sino con los roces entre los propios futbolistas que ayer se repitieron al final del partido, invita a pensar en lo peor. Es momento de buscar soluciones urgentes para no convertir el desenlace en un drama. El Celta no navega ni cuando el viento sopla a favor, como ocurrió ayer en Villarreal con la expulsión del defensa central del equipo local Catalá, por decirle algo al asistente de banda. El Celta tuvo la posesión y con paciencia fue creando ocasiones, pero ahí faltaba lo de siempre, la capacidad de rematar.
En cambio el Villarreal B, sin crear tampoco ocasiones, daba miedo cada vez que recibía Jefferson Montero y la armaba, aunque la defensa estaba atenta para evitar el último pase. Pero tanto insistió el ecuatoriano que acabó aprovechándose del único fallo, garrafal, de la zaga, para quitarle al Celta hasta el botín mínimo. Este gol provocó un espectáculo bochornoso con Yoel recriminando a Trashorras que no corriese.