En la parroquia lalinense acompañan a la procesión de Santo Domingo estos cabezudos gigantes, en una tradición de hace décadas, perdida en otros lugares
02 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.No sabemos si San Román estará muy contento con sus vecinos de Santiso, que incumplen el dicho popular de donde hay patrón, no manda marinero. Pero en esta parroquia lalinense mandan sus pobladores y prefieren festejar a Santo Domingo y a la Virxe do Rosario. Quizás se deba a que uno de sus antepasados ilustres, vinculado a la famosa familia de navegantes pontevedreses de los Nodales, les dejó una impronta especial en los genes. Pero al margen de personajes con relevancia histórica, Santiso se enorgullece de sus papamoscas. Cuidado, no hablamos de esos pajaritos que se domestican con facilidad y sirven para limpiar de moscas cualquier habitación sin necesidad de ningún aerosol contaminante.
Los cabezudos que acompañan a la imagen de Santo Domingo en la procesión son los papamoscas. Una tradición que se remonta muchas décadas atrás, aunque ni los más viejos del lugar saben a ciencia cierta cuándo llegaron a Santiso esa desgarbada pareja que cada año abandona su retiro por unas horas para vigilar que nadie importune al santo en su recorrido por las calles. Un hombre y una mujer de rostros grotescos, tocado él con un sombrero, de grandes manos rellenas de arena capaces de espantar a quienes se aproximen demasiado en los enérgicos giros de sus porteadores, jóvenes vigorosos capaces de soportar el peso de los papamoscas.
Santiso vivió su segunda jornada festiva, tras la verbena del viernes, y hoy será el día grande con presencia de gaiteiros en la procesión. Los cabezudos compartirán protagonismo con Santo Domingo, en una tradición en declive en la zona.