Frente a escépticos, María Díaz defiende el trabajo de la organización que representa: «Salvamos vidas»
13 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Compostelana, María Díaz acaba de montar en la ciudad en la que nació hace 30 años la sede de Médicos Sin Fronteras (MSF) para el noroeste español (Galicia, Asturias y León). Licenciada en Ciencias Políticas y máster en cooperación, dirige una de las organizaciones con mayor presencia en todo el planeta, mayor volumen de personal y más fondos gestionados. Sustituye a Marie Castro, que ha empezado a dirigir proyectos de la organización desde Nueva York. «Desde que montamos esta sede -dice- vienen más estudiantes de Medicina a preguntarnos cómo pueden participar en Médicos Sin Fronteras».
-Pero MSF no está cerrado a personal sanitario.
-Eso es algo que siempre tratamos de recodar a la gente, que la cooperación internacional también precisa de logistas, de administrativos, de economistas... Pero la mayor parte de los currículos que recibimos son de personas del ámbito sanitario.
-¿Quien se acerca a MSF lo hace siempre con la idea de irse al exterior?
-La verdad es que la mayoría de la gente que acude a nosotros es porque quiere irse como expatriado, ir al terreno. A todos ellos siempre les exigimos unos pasos previos. Es un proceso largo, con pruebas psicológicas, de adaptación al entorno, procesos de formación... Hasta que se les da un primer destino, siempre con unas normas de seguridad a seguir.
-¿Vale cualquiera?
-No, no todo el mundo puede hacerlo, desde luego. La situación de esos expatriados es muy complicada, por la tarea que van a desempeñar, por la inseguridad que hay en algunos contextos, porque hay que estar preparado emocionalmente para ver morir a gente, actuar en campos de desplazados enormes... Pero todos los que van saben que no va a ser fácil.
-Menudo choque a la vuelta cuando su personal regresa a trabajar en centros de salud de un país rico.
-Sí, claro, el choque es fuerte al volver. Todos lo dicen. Adaptarse a la vuelta es complicado, porque allí entras en una dinámica de trabajo constante, porque cuanto más trabajas, más vidas salvas, y no quieres parar. Aquí, por ejemplo, te puede tocar atender un proceso gripal. Y no solo eso, la diferencia de medios de los que se dispone es tremenda. En un campo de desplazados no hay camas, si acaso esterillas y mosquiteras.
-¿Es un momento difícil para irse como expatriado?
-Quien trabaja con nosotros fuera sabe que lo va a hacer en contextos muy difíciles, ya lo tienen algo asumido. Estamos sobre todo en África, donde hay multitud de crisis abiertas y con unas condiciones para trabajar muy complicadas. Es cierto que la mayoría de las oenegés sabemos que estamos en un contexto global más inseguro, y eso sí echa a gente atrás.
-¿Ustedes también notan la crisis en las ayudas que perciben?
-Sí. Pero, por suerte, tenemos una base social muy sólida en toda España, con unos 200.000 socios fieles, sin bajas, y que creen en la tarea que desempeña MSF. Notamos la crisis en que bajan los donativos, la colaboración de algunas empresas...
-En los países del Norte se nota la crisis, pero en los Sur no se ha ido nunca...
-Sí, es una paradoja. Si aquí notamos la crisis, imagínate lo que sucede en los países del Sur. Allí es ahora cuando más necesitan la ayuda.
-Teniendo en cuenta ese contexto, y la situación actual en Oriente Medio, ¿cuáles van a ser las prioridades en el 2009?
-Estamos en los mismos proyectos que en el 2008, eso no ha cambiado. Es cierto que Gaza ocupa un lugar muy importante en la agenda porque es una emergencia inmediata, pero vamos a seguir al lado de los conflictos olvidados y de las enfermedades que no se tienen en cuenta porque suceden en países del Sur. La situación en la República Democrática del Congo, la de Somalia, con el sida pediátrico, la plaga de Chagas en Bolivia, con la malnutrición infantil, que es crónica en algunos países, con los desastres naturales...
-La coordinadora de oenegés de Galicia lamenta que la comunidad esté a la cola en ayudas institucionales al desarrollo. ¿Comparten esa crítica?
-MSF pide la menor cantidad posible de fondos públicos porque sabemos que a los lugares a los que vamos no es seguro para nuestros equipos que luzcamos ninguna bandera o logotipo. Además, te da bastante independencia contar con una gran mayoría de fondos privados. En el tema de Galicia no nos hemos posicionado mucho. Es cierto que sigue a la cola en fondos de la Administración para la ayuda al desarrollo, pero sabemos que se está tratando de mejorar. Tampoco la Axencia Humanitaria Galega [ha sido creada recientemente] ha hecho mucho aún, y ahí estamos a la expectativa.
-¿Qué le diría a quienes creen que colaborar con una oenegé es solo una forma de quedarse con la conciencia tranquila?
-Pues dudaría que lo pensaran si supieran todo lo que se ejecuta con su aportación. MSF presta ayuda humanitaria, salva vidas. No se trata de tener tu conciencia tranquila, se trata de trabajar para solventar situaciones injustas, de impedir violaciones de los derechos humanos y de permitir un acceso universal a la sanidad. No es poco.