La crisis de gobierno del PSOE en Silleda debe leerse desde antecedentes en los que el ex edil del PP incidió en el panorama político, que lo devoró en menos de un año
20 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Roces y distinta visión del gobierno generaron una crisis en el PP del 2002 que colocó fuera del equipo de gobierno, del sueldo por dedicación y de la corporación a José Luis Tejo, en un proceso rapidísimo que empezó tras la imagen de unidad forzada en el restaurante Don Din de Cruces. Se posibilitó que todos tomaran las uvas de Fin de Año del 2001, pero la crisis concluyó el 12 de noviembre del 2002 presentando su renuncia al acta de edil. En esos once meses, una marea política. Hablando en corto, aquellas revueltas evolucionaron dejando a José Fernández Roucho fuerte en su grupo pero definitivamente rotos los enlaces con los disidentes del PP, los independientes y los allegados. Evolucionó llegando a pasar AIS a ser CIS, con mirlo blanco y éxito electoral: Javier Cuíña.
Cuíña confluyó con Gerardo Lázara en la oposición. Lázara no fue nunca un mirlo blanco, fue un águila que desde la plataforma antiempacadora recogió un PSOE abandonado a la deriva tras la salida de Mariló Bueno. Es un águila política porque hizo rendir su escaño único como si fuesen muchos más y logró desde ese único edil lo imposible, un PSOE ganador de las elecciones, confluyendo con Cuíña y logrando convertir ambos a Paula Fernández en el mirlo blanco que, dando credibilidad, arrastrara múltiples apoyos.
La crisis del gobierno del PSOE de Silleda presenta formas distintas a la del PP con Tejo, pero éste ofrece múltiples datos ejemplarizantes y flota como sombra en la historia política local y cobra máxima actualidad.
Aquellos roces iniciales frenados con mensajes de unidad pasaron a la destitución de Tejo «por pérdida de confianza», sentenciara José Fernández. Ahora los roces y desajustes llegan al revés, dos ediles abandonan el núcleo del gobierno del PSOE donde están con adscripción de independientes. La alcaldesa juega las bazas al revés, las de la confianza y la de los motivos personales aunque en el fondo sean la mismas con que se inició la crisis en el PP, las bazas del mensaje de unidad de acción.
El aparato socialista es implacable para bien o para mal, tiene poderío y maquinaria engrasada en su larga historia. Quien se mueva puede acabar como Tejo. Pero en Silleda las claves son otras y ahí es donde debe servir la propia historia local. Revisar procesos como la crisis del PP puede poner luz al futuro. Quien llegue de malo, de incumplidor del mensaje de las urnas, lo pagará. Y pese a su poderío el PSOE no tiene todas las armas. La historia de los independientes se gestó en lucha con el PP, otra máquina política, y no solo resistieron sino que al final consiguieron desbancarlo del gobierno aunque para eso hiciese falta fundirse con los socialistas, integrarse, dejando casillas con la palabra independiente.
La crisis política, que como es de guión niega el gobierno, tiene poso de pulso, quien sabe si forzado incluso desde el propio PSOE. De ser un pulso los socialistas no deben descuidar la base de independientes que viven la política con la intensidad de permanecer, y en activar siglas son expertos y tal como están las cosas en el mapa político silledense un concejal o dos son decisivos en el gobierno, en un hipotético grupo mixto o en un nuevo partido.
El mensaje de la alcaldesa fue rotundo, «todos e cada un cumplirán os compromisos electorais»; si es así, todo lo dicho hasta ahora no serviría para nada. Pero esto es política.