La consulta lanzada por Xosé Crespo genera valoraciones dispares entre la población de Lalín. Daniel González Alén, presidente del Círculo de Recreo, valoraba ayer que «ogallá viñera ao Cocido unha representación de todos os sitios, das pantallas, dos peliqueiros, e doutras zonas de España, porque é a entrada do carnaval». En este marco, González Alén considera que la presencia de las brasileñas «é unha parte vistosa do Entroido que nunca se debería ter suprimido», en línea con lo expresado el miércoles por los presidentes de Fórum y CCU. Aboga porque en caso de recuperarse se traiga una escuela de samba de calidad, y recuerda que nunca hubo protestas por su presencia en el desfile, indicando que «o problema está na cabeza de cada un», no en las garotas. Cree que los políticos lo suprimieron porque pensaban que les quitaba protagonismos en los medios.
Alberto Granja, secretario de O Naranxo, ironiza con el hecho de que la primera consulta de la democracia en Lalín sea sobre el posible regreso de las garotas: «É sintomático do que é a democracia en Lalín». En todo caso, indica que la presencia de las garotas no es una cuestión banal, por las implicaciones que tiene en el sentido de «usar a muller como obxecto sexual. Un espectáculo de samba pola rúa non ten nada que ver coa Feira do Cocido. En Río ou Tenerife é normal, pero en febreiro ter unhas garotas bailando en Lalín resulta algo absurdo. Aquí xúntanse no desfile carrozas etnográficas, garotas e majorettes: vale calquer cousa para atraer xente. Pero non todo vale, e por iso a feira cada vez vai máis de capa caída».
Por su parte, María Jesús Payo, técnica de Igualdade en Lalín, exponía en relación al regreso de las brasileñas que «el problema no está en las garotas, en las artistas, en el baile como expresión cultural, sino que radica en quienes miran a estas mujeres como objetos sexuales, en base a una cultura androcéntrica y machista».