Rosario León Benítez lleva 44 siendo testigo del buen hacer de la confitería Navaza como, dice ella, como mujer del pastelero en un establecimiento que abrió sus puertas en 1928 en Lalín y sigue desde entonces en manos de la misma familia.
-Estos días de fiestas abundan los encargos ¿qué se pide más?
-Nos encargan pasteles y tartas de todo tipo, sobre todo. Nuestra especialidad son las tartas de hojaldre con crema pastelera. Luego tenemos la tarta de almendra, hecha con la mejor almendra, la Marcona, que es la más cara del mercado. Es, como le llamo yo la tarta viajera porque se la llevan de aquí a diferentes partes del mundo. Fue ya a Hong Kong, Nueva York y, por ejemplo, hace quince días se la llevé yo a unos médicos de un hospital a Londres.
-Ustedes continúan siendo una pastelería artesana
-Mi marido es artesano desde hace cincuenta años. Ahora ya casi no quedan pastelerías artesanas, ya casi todo lo que se vende por ahí es prefabricado, los dulces vienen congelados y sólo hay que meterlos en un horno y no es lo mismo. Todo lo que vendemos aquí es artesano y lo fabricamos nosotros. Los bombones, los helados con leche, nata y frutas naturales liofilizadas que vienen de Italia, las pastas de té, el hojaldre, la cobertura. Es un oficio sacrificado.
-¿Cuál es el secreto?
-Cada artesano tiene su sello y nuestros clientes distinguen nuestros dulces. Utilizamos materias primas de primera calidad, mantequillas, chocolate. Eso, al final se nota.