Para hablar de Manuel González es inevitable citar su sobrenombre. Una versión del Guernica que una vez decoró un pub estradense le dejó en herencia el apellido Picasso. Aunque medio municipio le llama así, Manuel González prefiere su nombre propio.
-Defina su pintura
-En esta etapa pinto cuadros basados en la vida cotidiana de la Galicia de finales del siglo XIX y principios del siglo XX: un matrimonio comiendo tocino en una lareira, una anciana con expresión triste que va a vender una vaca...
-¿En qué se inpira para recrear esas estampas?
-Me documento, busco fotografías antiguas y les doy color con el óleo. La idea me la dio Muras. Vi un par de cuadros suyos de gente mayor, de otra época y me dio la idea.
-¿Se puede vivir de la pintura?
-Es difícil sobrevivir, pero siempre tienes la ilusión de poder hacerlo. Siempre tienes la opción dejarlo y ponerte a trabajar de cualquier cosa, pero cuando te va un poco bien cambias de idea. Para algunos es un vicio, es como una droga.
-¿Tiene algún cuadro que no esté en venta?
-Uno que pinté a medias con Muras un día a las cinco de la mañana. Pienso enmarcarlo.
-¿Alguno que haya pintado a disgusto?
-A veces intentas adaptarte a los gustos del cliente, pero yo no he pintado ningún cuadro que no me guste. Al final me gusta todo lo que hago.