El disputado voto del emigrante

DEZA

SIN SODA | O |

04 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

LA CLASE POLÍTICA mantiene con el voto de la emigración una apasionada historia de amor y de odio. Lo mismo apuestan por su supresión que se convierten en defensores acérrimos de la papeleta de ultramar y de las travesías a Sudamérica para estrechar lazos con la comunidad de emigrantes. Cada voto suma. Los de los residentes ausentes pesan tanto como los otros y, en ocasiones, son más manejables. Los políticos lo saben mejor que nadie. Por eso a veces lanzan dardos envenenados contra el sistema y otras entran al trapo e intentan aprovecharse de él. Por eso al otro lado del Atlántico sigue sin haber urnas en las embajadas y por eso pueden seguir votando los hijos de los hijos de los estradenses que un día dejaron una villa sin aceras y que nunca han regresado para comprobar si se ha hecho la luz. También por eso siguen impugnándose mesas y discutiéndose papeletas con el nombre del candidato en lugar de las siglas del partido, con el nombre de pila del concejal de turno que dejó huella en Argentina o con los apellidos del votante agradecido. Con menos votos que esos, hay diputaciones que se ganan o pierden.