El mecánico estradense regresa del Dakar con una curiosa multa marroquí

Pablo Penedo Vázquez
Pablo Penedo A ESTRADA

DEZA

La anécdota | La vuelta de José Manuel Loureiro Gestoso a España

20 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

José Manuel Loureiro Gestoso concluyó ayer su aventura en el Lisboa-Dakar. Una aventura que, como todo el que participa en el mayor rally del mundo sabe, no suele acabar hasta que uno vuelve a pisar el hogar. El mecánico estradense del Tibau Racing llegaba ayer noche a su residencia de Alcalá de Henares seis días después de la retirada de su equipo, obligado a abandonar la carrera tras un aparatoso accidente de su copiloto, el valenciano Alberto Guillem. Guillem era trasladado en avión el lunes a Madrid, donde comenzó el proceso de recuperación de un fuerte traumatismo en su pierna derecha. Un día después el piloto y jefe del Tibau Racing, el también valenciano Francisco Sanchís, recorría los pasos de su brazo derecho para recalar en la Península vía aérea. A José Manuel Loureiro, en cambio, le aguardaba un último servicio. El excelente trabajo de Loureiro había mantenido al Bowler Wildcat 200 del Tibau Racing en perfecto estado para proseguir el Lisboa-Dakar... y también para traerlo de vuelta a España deshaciendo el camino andado en el rally. Y al mecánico estradense le tocó ocuparse de ello. El pasado martes Loureiro se puso a los mandos del Bowler y enfiló hacia la localidad marroquí de Nador. Allí llegó el viernes tras conducir unos 2.400 kilómetros desde su punto de partida, Nuackchott, la capital de Mauritania. Acompañado la mitad del camino por un compañero de equipo que viajaba en un segundo vehículo, la travesía fue de lo más tranquila, relataba ayer el gallego. Eso sí, a excepción de un pequeño incidente en el tramo marroquí, que Loureiro recuerda con mucho humor. "Encima de tener que traerme el coche de vuelta conduciéndolo varios cientos de kilómetros unos policías de Marruecos me pusieron una multa por exceso de velocidad. Supuestamente tenía que circular a 60 kilómetros por hora y en teoría iba a 96. Eso es lo que ellos me decían después de pararme antes de la señal de límite a 60. No había ni foto ni nada. Tenían un radar de juguete". El estradense solucionó la cuestión al viejo estilo: "Me pidieron 400 dirhams. Regateé y pagué 210, unos 20 euros. Así da gusto correr el Dakar", bromea Loureiro. El viernes noche se embarcaba en el ferry de Nador a Almería, desde donde se desplazó hasta Valencia para entregarle el Bowler a su piloto. Y de ahí a casa en el asiento de un tren, con la ilusión de "volver a probar comida casera, darme una buena ducha y dormir en mi cama" tras el palizón africano.