EL CRISOL | O |
27 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.DURANTE el franquismo y durante la democracia posterior -siempre dentro del siglo XX- hubo políticos que trataron a los gobernables con el convencimiento de que ciertas mentiras repetidas y enfoques desenfocados pero preciosistas acabarían siendo asumidas, por un pueblo bondadoso, como verdades absolutas o como visiones de primera categoría. No se trata de discutir ahora si ese hábito fue una constante hasta 1975, o si en los 25 años siguientes decayó mucho o poco ese pobre convencimiento en un país que se estaba reinventado sin ayuda exterior, ni cultos. Muchos nos consideramos, desde ya antes de que unas campanadas de fin de año nos metieran en el XXI, más que vacunados -para siempre- contra visionarios, contra políticos de mensaje variable, acomodadizo o cínico. En A Estrada, nos van a presentar en pocos días a los tres aspirantes a la alcaldía. Dono, por el PSOE, ni espera a la presentación, y ya hoy está ejerciendo de aspirante. Mañana viene Anxo Quintana para lanzar a Raquel López, y el domingo Feijoo hará otro tanto con De la Calle. Los estradenses tenemos por delante cuatro largos meses de precampaña electoral y unas semanas más de campaña. Con un poco de suerte, no van a caer por aquí muchas medias verdades o esos desenfoques preciosistas. El votante medio está bien al tanto, por ejemplo, de lo que ocurre con el urbanismo, el plan xeral y todo eso de las obras y licencias. Las movidas del IBI y de los descontentos con los suelos urbanos no consolidados han creado, entre el vecindario, una cultura municipal que no admite mensajes, o promesas, que estén fuera de sitio. Existen cuadros bien pintados de los aspirantes a la alcaldía. Y los observadores sabrán quién hablar como en el XX y quien usa medias verdades.