Entrevista | Andrés Ramos Castro Natural de Lalín, lleva ya trece años en la capital y colabora con varios colectivos
16 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.De él se puede decir que es de ese tipo de personas capaces de ser felices en cualquier lugar y circunstancia. Contagia vitalidad, la misma que pone en cada nuevo cometido que le encarga la institución a la que pertenece: la Iglesia. Andrés Ramos Castro nació en Lalín, «nas terras do Deza», como él explica, para desde hace trece años, tras un periplo por diversas zonas de su Galicia natal, recalar en Madrid. Aquí es, entre otras cosas, capellán de las asociaciones de gallegos que funcionan en la capital, agrupadas en la Federación de Asociaciones Gallegas en Madrid (Fagama). Y es que el propio Andrés Ramos, cuando llegó a esta ciudad, tan diferente a otras zonas por las que había pasado, como Monforte, Lugo o Navia de Suarna, admite que lo primero que buscó fue precisamente a otros gallegos. -Cuénteme quién es Andrés Ramos. -Nací en Lalín, en 1962. Allí estudié la primaria y el bachillerato hasta que, con 17 o 18 años, me fui a Santiago a estudiar Filosofía y Teología. Después me ordené sacerdote en Lugo, en el año 87. Me ordenó el actual obispo de Lugo, que también es de Lalín, y de su mano me fui como profesor y formador al Seminario Mayor de Lugo. Allí también tuve mi primera experiencia como sacerdote, que fue muy gratificante. -¿Dónde continuó su periplo? -A continuación , el obispo me trasladó a Navia de Suarna, a la sierra de Os Ancares. También allí fui muy feliz. No está demasiado poblado, pero es una gente extraordinaria, de una riqueza humana muy grande. -El cambio en Madrid, por las dimensiones, le debió resultar impactante. -Contraponerlo a Madrid... es distinto. Aquí también te encuentras personas buenas, pero todo va más deprisa. Allí tenía treinta aldeas, pero en población serían menos de 1.200 personas. Pese a ello, siempre había muchas cosas que hacer: desde atender enfermos hasta restaurar iglesias. Lo que destaco es el valor de la gente. En Navia de Suarna estuve cuatro años y luego me enviaron a Madrid para ampliar estudios. -¿Y cómo fue la llegada a la capital? -Comencé a vivir en Alcobendas. Era el año 1993, y lo que hice fue buscar gallegos. Creo que es un intento lógico de buscar gente afín. Y a través de la asociación Xuntanza de Galegos fue como entré en contacto con ellos. -Ahora es capellán de las asociaciones de gallegos residentes en Madrid. ¿En qué consiste exactamente su función? -La verdad es que estoy encantado de colaborar con ellos y estoy a su disposición, como sacerdote y como amigo. Me gusta estar presente en celebraciones religiosas para las que, a lo largo del año, me requieren, ya sea el día del Apóstol o funerales por socios que fallecen. Pero desarrollo muchas actividades más. Además de ser capellán de Fagama, soy consiliario de una asociación que se llama Orantes por la Paz, por ejemplo. -¿Qué proyectos tiene? -Pues seguir trabajando allí donde la Iglesia me lo pida. No hago planes.