Crónica | Pesadilla en Fernando Conde Las 23 bandas rugosas que acaban de instalarse en Fernando Conde han conseguido en un par de días encabezar el ránking de las quejas de bar y taberna
30 oct 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Ni las quinielas electorales ni las falsificaciones de ropa en el mercadillo sabatino. Nada ha podido robarle el protagonismo este fin de semana a las bandas rugosas que el Concello acaba de instalar en la calle Fernando Conde para disuadir a los fitipaldis que solían enfilar la recta a velocidades poco recomendables. Ni siquiera los cambios meteorológicos paranormales han sido capaces de desbancar a las bandas rugosas en el ránking de comentarios en las barras de los bares, que, como todo el mundo sabe, es dónde se mide la repercusión social de las novedades. La conclusión: los conductores están cabreados. El Concello se ha propuesto hacerles frenar. Por las buenas o por las malas. No ha escatimado medios para lograr su objetivo. Hay muchos vecinos que creen que es demasiado. Desde la rotonda de las Colonias hasta la desembocadura de la calle en la Porta del Sol se han colocado exactamente 23 bandas. Cuatro van justo junto a la rotonda, seis más un poco más abajo del antiguo colegio Cristo Rey, tres en las proximidades de las viviendas sociales, cuatro más en el cruce con la primera travesía de Fernando Conde, otras cuatro en la intersección con la Travesía do Muíño y el resto al lado de la Porta do Sol. Evitarlas es imposible. Coger carrerilla, un peligro para la integridad del vehículo y de sus ocupantes. Algunos conductores se desahogan con el claxon defendiendo la consigna «una pitada por banda» y otros buscan alternativas para evitar esa calle. Los del plan B deben tener en cuenta que en Gradín hay dos lomos de burro bien gruesos y que hoy mismo se instalarán dos bandas rugosas más en la Rúa do Cruceiro (delante del colegio Nuestra Señora de Lourdes) y otras cuatro en la prolongación de la calle Antón Losada. Aún así, nunca llueve a gusto de todos. Ayer, mientras los conductores frenaban resignados, una vecina se preguntaba por qué queda algún tramo sin bandas.