Santiago, más lejos cada mañana

Rocío García Martínez
Rocío García A ESTRADA

DEZA

En directo | Odisea para llegar a la capital gallega Más de media hora de retenciones matutinas aseguradas convierten los 23 kilómetros que separan A Estrada de Santiago en un trayecto que aboca al estrés y a la blasfemia

23 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Llegar desde A Estrada a Santiago, en hora punta, lleva una hora. Lo saben bien los infelices que tienen que estar en la capital a las 9.00 y lo puede comprobar cualquiera que tenga el valor de estar en pie a las 8.00. O a las 8.02, que sigue siendo de noche. Noche cerrada. Si además llueve, como ayer, la odisea pinta aún más negra. Contra toda sospecha, hay vida antes de las 10.00. Al llegar a Toedo ya me he cruzado con doce coches en dirección a A Estrada. Me pregunto a dónde irán tan temprano y pongo música de John Lennon para empezar el día con buen pie. No me despierto hasta cruzar Pontevea. Tres baches consecutivos me recuerdan que hay que ir atento a la carretera. Para no perder puntos y para no dejarse los neumáticos en el trayecto. En A Ramallosa me acuerdo de la multa que me cayó el año pasado y cumplo el límite de 50. Un incauto me adelanta. Lo compadezco en silencio. Un charco de dimensiones colosales me saluda a la entrada de Cacheiras. Intento no salpicar demasiado y espero el chaparrón certero. Me pilla unos metros después, justo a mitad del pueblo. Son las 8.22 y la pesadilla ya empieza. Los neófitos frenan asombrados; el resto reducen resignados. Las retenciones han comenzado. Los fastidiosos pasos de cebra encadenados y el límite de velocidad parecen ahora un chiste negro. Antes de rebasar la urbanización la cola ya no se mueve. Una moto adelanta a la hilera de coches y los automovilistas se mueren de envidia. No importa que siga lloviendo. Son las 8.32 cuando enfilo la subida de lentos. Por la izquierda me adelantan veinte coches. Me propongo no dejarles que se cuelen al final de la cuesta. No hace falta que saque la mala leche. Sólo tres o cuatro quieren volver a la derecha. El resto se desvían a la izquierda. A las 8.45 alcanzamos el final de la cuesta. A la par, amanece. El desvío hacia el parque de Montouto escupe un montón de coches que ralentizan más la agónica procesión de coches mañanera. Al parecer vienen de un atajo. Los vehículos que desaparecían por la subida reaparecen ahora de nuevo. Para evitar el estrés hay que agudizar el ingenio. Al rebasar Os Tilos las retenciones se deshacen ligeramente. Hace años era aquí dónde comenzaban, pero entonces las afueras de Santiago aún estaban libres del desarrollismo urbanístico de mal gusto y peores consecuencias. A las 8.49 alcanzamos el Castiñeiriño a ritmo aceptable. Si no es magia, lo parece. La cola se desintegra. A las 8.53 entramos en la rotonda de la autopista a Ourense y la pesadilla se desvanece. En la recta de Hipercor un conductor intenta compensar el tiempo perdido jugándose el carné. La rotonda de Galuresa está despejada y el semáforo abierto. Romero Donallo se enfila sin problemas, pero ya son las 8.59 y todavía hay que encontrar aparcamiento. En el campus hay zona azul con tarifa reducida. Cuando aparco son las 9.02. Los 23 kilómetros me han llevado una hora exactamente. Menos mal que esto no es Londres y aquí la puntualidad no se toma tan en serio.