EL CRISOL | O |
30 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.YA QUE los estradenses no podrán beneficiarse directamente del tren de alta velocidad, que sólo tendrá parada en las ciudades, al menos quieren asegurarse de que las obras no les traerán perjuicios. Hay paisanos que lamentan la puntería que ha hecho que sus fincas queden en mitad del trazado del TAV y otros que lloran justo por lo contrario. Por esas parcelas a monte que podrían cambiar por una televisión con pantalla gigante, un deuvedé y una conexión a Internet por obra y gracia de las expropiacionesy de la lotería del trazado diseñado. Satisfechos o no con el recorrido y con el pago de las expropiaciones, en lo que todos los vecinos coinciden es en que hay que vigilar las máquinas de cerca. En la zona de San Miguel de Castro está proyectado un gran túnel para el tren y se negocia además la construcción de una escombrera para depositar en ella los destierres sobrantes. La excavación del túnel va a requerir tiempo. Y los vecinos no están dispuestos a protagonizar la segunda parte de la pesadilla de la autopista. Los estradenses están «escaldados», como ellos mismos dicen. Cuando se construyó la autopista Santiago-Ourense, la empresa responsable de las obras se llevó por delante cuanto le estorbaba sin preocuparse de corregir después los desperfectos causados. Las obras dejaron taludes importantes, fincas sin acceso, pistas con pendientes imposibles -como la bautizada como «Autopista hacia el cielo»- y grietas en muchas viviendas. La empresa se negó a pagar los daños y ni la presión del vecindario ni la del Concello evitó que el asunto terminase en el juzgado. Esta vez, a los vecinos ya no les pillarán por sorpresa. Mañana mismo echará a andar una comisión de seguimiento de las obras integrada por representantes del PP, PSOE, BNG y de los vecinos de Castro. Cada piedra que se mueva estará vigilada.