AL FILO | O |
29 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.DESPUÉS de un período de adaptación con clases sólo por la mañana, los escolares de la zona comienzan el lunes el curso de verdad. Ese con clases por la mañana y por la tarde, comedor y por lo que parece, chubasquero y paraguas se salvan los de la jornada única, claro). En los centros escolares los profes hacen mil números para crear menús saludables a un precio lo más módico posible, en muchos casos a un coste que a las que compramos a diario nos parece muy difícil de conseguir. Otros además se proponen lo que en casa nos cuesta cada vez más, que nuestros hijos coman la suficiente fruta, verdura y pescado fresco que marca eso que se da en llamar dieta mediterránea y hábitos saludables. Con algunos enanos no hay manera. Uno no acaba de entender como de pequeños tragan todo lo que uno les eche en forma de puré (por todo me refiero a toda especie vegetal conocida, comestible y con vitaminas y cuando crecen un poco y hablan ya con la suficiente soltura empiezan con aquello del ¡Puág! y acaban huyendo despavoridos tapándose la nariz, porque debe ser que la lechuga desprende un olor que los adultos no sabemos detectar y no hay manera de que le hinquen el diente a algo parecido a una ensalada. Con la fruta pasa algo parecido. Los hay que de pequeños son capaces hasta de comerse un limón a mordiscos y con tres años no se acercan a una manzana no vaya a ser que esté envenenada como la de Blancanieves. Hay algunos que solo comen plátanos, debe ser porque son casi los únicos que se anuncian en la tele. Los malo es que en la caja tonta ya salen los mil y un juguetes que podrán elegir Papá Nöel y los Reyes Magos. Mi hija por si se agotan ya sacó de catálogo y pegatinas para marcar lo que ella considera sus regalos imprescindibles. ¡Non nos queda nada! Porque de aquí a diciembre le va a dar tiempo de pegar en todas hojas.