AL TRASLUZ | O |
26 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.HAY PAISAJES que estamos a punto de contemplarlos por última vez. La llegada del AVE los está transformando para siempre. Las nuevas infraestructuras están cambiando mucho nuestro entorno en los últimos años. Ahora el valle del Ulla, en A Estrada, es impensable sin la autopista, cuando hasta hace unos años era una sucesión de distintos verdes entre las pequeñas aldeas, con las pequeñas pistas surcándolas. Ahora, el gran viaducto construido llama la atención de nuestros ojos cuando lo contemplamos desde la altura. Lo mismo pasó con los aerogeneradores. Al mirar al horizonte aparecen sus grandes aspas moviéndose y por la noche unos puntos rojos avisan de su presencia. Lejos queda la imagen nocturna de los montes que sólo se dejaban notar por su color un poco más oscuro a la luz de la luna. Con el AVE pasará lo mismo. La profunda transformación ya se está notando en aquellos puntos en donde las obras están adelantadas. En Vilanova, los pilares ya evocan claramente por donde pasará el tren de alta velocidad. En Carboeiro, las fincas donde hasta ahora cultivaban las patatas o llevaban las vacas a pastar ya están ocupadas por una inmensa montaña de tierra artificial para hacer la trinchera y la escombrera. En puntos como Abades, verán pronto como sobre sus cabezas pasará un gran viaducto. Cada vez es más difícil encontrar rincones que la intervención humana no los haya transformado de forma importante su imagen en los últimos años. Aunque eso sí, nuestros municipios aún esconden algunos de esos puntos. Cada uno tiene su carballeira, su lugar en la ribera del río en los que escapar del ruido de los coches, del sonido del teléfono móvil para disfrutar al máximo del entorno. Sólo hay que buscarlos un poquito más que hace cinco o seis años.