EL CRISOL | O |
31 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.TRAS CONSULTAR en algunas agencias de viajes, descubrí en días pasados que la mayor parte de los estradenses que se cogen las vacaciones en agosto no tienen interés alguno en salir del país. Hay destinos para todos los gustos, e incluso son más de cuatro las familias que están hoy camino de una playa del mar Mediterráneo. Es más curioso el caso de unos pocos que adquirieron billete para plantarse estos días en Mauritania. Y sorprende que haya otros tantos que tienen reservas en la estación de Cabeza de Manzaneda. Los más lógicos estarán estos días descubriendo rincones del norte nacional o subiendo la costa francesa por la Bretaña. Otro montón estarán por Italia, o quizá Austria y Grecia. Por culpa de la cigüeña, o gracias a ella, cada dos o tres verano me toca visitar a los familiares que tengo más lejos, allá en medio de la Extremadura pacense. A los tres días me habré habituado a los 44 grados al sol, y bajaré a mi Sevilla del alma, donde casi me eché la primera casi novia. En la capital andaluza me interesaré especialmente por las estrategias y castillos que preparan ante el anuncio del segundo de Bin Laden de que tienen programada una reconquista religiosa que sólo acabará cuando caigan en manos moras, otra vez, la Alhambra y todas las tierras andaluzas. He oído que nadie se ha tomado en serio el anuncio. Al fin y al cabo, han dejado de poner bombas en los trenes. Volviendo a los otros estradenses, en concreto a los que se dirigen a Torremolinos o Murcia, me gustaría asaltarlos en el camino para preguntarles qué les lleva por allí si, en sus casos, no tienen familiares por aquellas tierras. Estoy realmente intrigado. Pienso que todos los gallegos debemos quedarnos por aquí cerca para ir buscando un Don Pelayo galaico. Por si acaso.