AL TRASLUZ | O |
19 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.LOS AFECTADOS por infraestructura eléctricas e hidroeléctricas no ganan para alegrías y disgustos. Parece una sucesión de sensaciones contradictorias, aunque a veces estén llenas de matices. Los vecinos de Obra y Brandariz hace un año luchaban con todas sus fuerzas para impedir la construcción de nuevos saltos en el Ulla, alguno de los cuales incluía túneles bajo sus casas. Por estas fechas, recogían firmas e incluso pensaron en encadenarse ante el Parlamento. Ahora ya celebraron que, al menos de momento, están descartados estos proyectos puesto que fue anulada la resolución por la que se concedían. Sin embargo, poco tiempo después conocieron que ya no había opciones para frenar las presas de Ollares e Insua. Éstas, de mayor tamaño, ya estaban en construcción y tras negociar la Xunta con Fenosa no hay esperanzas de que el cauce vuelva a su curso secular. La empresa renunció a cuatro concesiones en la cuenca del Ulla y la de Ollares e Insua, a cambio, prosiguen. Tanto es así, que los vecinos de Touro, que se habían negado a vender, ya llegaron a un acuerdo. Con la línea de alta tensión de Redesa sucede algo semejante. Pero el tiempo es mayor, ya que llevan más de una década. Las esperanzas de los vecinos de Merza de conseguir la retirada de la línea se abrieron con el cambio obligado por el AVE y se intensificaron las acciones desde distintos frentes para ello. Saben que es una oportunidad única ya que ahora hay que cambiarla obligatoriamente. En la citación de Fomento para la expropiación por el momento sigue la zona incluida desde el principio, desde el último poste de Paradela. Pero, por otra parte, continúan las conversaciones entre la Consellería de Industria, Adif y la empresa. Con ello, los afectados tienen que seguir aguardando con esta sucesión de buenas y malas noticias.