El CRISOL | O |
01 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.A FINALES de los años sesenta no se había inventado el concepto moderno de lo que es un campamento de verano. Teníamos algo parecido, bajo de denominación de campamentos de la OJE, pero había que someterse a demasiada disciplina. Después llegó aquello de los boys scouts , pero no valía para los más pequeños. Algunos nos procuramos, en esos años, nuestros propios campamentos, dándoles el sentido y el color que nos apetecía. El grupo de amigos que me soportaba aprovechó la fama de Bélmez (Córdoba), con un alcalde televisivo y unas caras que aparecían en las paredes de una casa, para organizar una excursión a pie??o??auto-stop, que nos permitiría pasar en ese pueblo, no muy lejos del nuestro, un fin de semana. Acabamos en un cuartelillo de la Guardia Civil, en una celda que no llegaron a cerrar. Nos pusieron en la carretera con el trasero mirando para Bélmez y la nariz orienda a nuestro pueblo. Aquello no dejó de ser una escapada juvenil. Treinta y cinco años después, los chicos de 8 a 13 años no saben nada de esa localidad cordobesa, pero si entienden lo que es un campamento juvenil. Ayer se iniciaba el primer turno de estancia en las instalaciones de Pontemaril (Forcarei), con una 140 chicos acogidos durante quince días, sin que los padres, ni los guardias civiles, aparezcan para nada. Ciertas escapadas o aventurillas siempre son creativas, pero no recomendables antes de los 15 años. Lo que sí es sano ahora es enviar a los peques a estos campamentos, una vez solventadas las reticencias que puedan presentar. La globalización y la feroz competencia en todos los marcos y ámbitos con las que se encontrarán nuestros hijos cuando superen los veinte años recomienda que, en su momento, antes de los 13 años, hayan vivido la sana experiencia de un campamento de verano.