Noche mágica

DEZA

AL TRASLUZ | O |

20 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

SE ACERCA una de las noches más mágicas del año y también de las más cortas. La de San Juan. La madrugada del 23 de junio es una de las más esperadas. Se une en el calendario a las de Reyes, Navidad o Fin de Año. A casi nadie deja indiferente. Parece ya que empiezan a oler las hogueras y las sardinas, aunque cada vez haya menos y los vecinos las cambien por pulpo o churrasco. La madrugada de San Juan siempre la recordaré por ser una de las primeras noches de juerga hasta altas horas. Daba igual que tuviéramos ocho, nueve o diez años. Había permiso para acostarnos a las tantas como si de adolescentes o adultos nos tratáramos. La única alerta era la de tener cuidado al saltar el fuego. Esto era después de una cena que se había alargado durante varias horas. Los mayores eran los primeros. Siempre había el pequeño pique de quien lo saltaba primero y con la llama más alta. Lo que en ocasiones conllevaba algún que otro susto al pisar las últimas brasas o pequeñas quemaduras en las ropas. Sólo en una ocasión me asusté. Fue cuando dos amigos coincidieron al saltar y chocaron sobre las llamas. Por suerte, no tuvo consecuencias más allá del susto y de decidir que esa noche no habría más saltos entonando la típica frase de «cacharela de San Xoán, que non me morda nin cadela nin can». Era una noche esperada por todos. Era punto de encuentro para los vecinos: la única ocasión en el año de reunirse todos. Ahora, poco a poco, la tradición va perdiendo fuerza en el medio rural conforme las aldeas se quedan vacías. En algunos puntos ya no hay suficientes lugareños para que la magia sea completa y ya no se celebra. En donde los hay, la madrugada de San Juan sigue marcada en el calendario en rojo a pesar de que en la zona no sea festivo oficial, como sucede en otros puntos de Galicia. Las llamas no serán esa noche para temer sino para disfrutar.